jueves, diciembre 29, 2005

LA PASADA DE LA PUERTA DE ARCO

JULIO/2000

Son las seis de la mañana del día 8 de Julio de 2000; en mi mente un viejo proyecto en el que tiene mucho que ver Manolo: conseguir subir al Grupo las Xanas (colectiva), por uno de los más atrevidos pasos de la cordillera Cantábrica, la Pasada de la Puerta de Arco, con la ascensión de una cumbre única para los locos amantes del macizo de Ubiña: el 2º Castillín.
El día no ofrece muchas posibilidades en la vertiente asturiana, más bien todo lo contrario. Nieblas y fino orbayu (encainada como dice n los cainejos, o tien borrin la Penubina, para los de Tuiza), con lo cual mi gran plan tiene pocos visos de llegar a buen termino.
Múltiples observaciones, consultas de mapas y fotografías, búsqueda de textos, consultas a otros montañeros. El día que un grupo de miembros de Las Xanas atacamos la vía con el fin de hacer más factible la colectiva, la gran decepción. Pero algo se consiguió, los más atrevidos lograron pasar después de equivocarnos de canal. Mis consultas con ellos no me dan esperanza: "es algo fuerte para una colectiva".

Pero si un grupo es grande, grandes deben ser sus gestas y eso es lo que me propongo emprender. Comento con mis compañeros de avanzadilla para que den el visto bueno a la empresa y con ello comunicamos al grupo que vemos viable la colectiva.

Una vez instalados en el autocar que nos acercará al escenario de operaciones, la climatología no nos da tregua. El paso por el Puerto Ventana es regado por un fino orbayo que nos va minando todos los planes hechos con antelación. Mi mente, así como mis Osados, ya se ven envueltos en una colectiva degradada, eso sí, acompañada de un buen ambiente "vuelve el hombre", que nos puede deparar la ruta desde la Casa Mieres en travesía hasta Tuiza.

Cual sería mi sorpresa cuando arribamos a Torrebarrio y veo que los que toman a menudo las decisiones en el grupo, deciden atacar, sin más. Ya no llueve y hay visos de claridad por encima de las nubes, pero la lluvia podría resultar nefasta para nuestras operaciones y fines. Todos mis planes de acción me asaltan como por arte de magia, encadenados unos a otros hasta dar lugar a la conquista del reto.

La artillería pesada (léase gente con dificultades por el vértigo), decide irse en travesía hasta Tuiza por Pinos, con lo cual se nos quita de encima una preocupación.

Atacamos la ascensión por el camino del Ronzón hasta Llandanay, donde giramos al noroeste, a seguir por La Cueña. Cual sería mi sorpresa, al encontrarme con un nuevo atentado a mi querido macizo, una pista de nueva construcción que llega hasta Los Llanos del Fontan. (Pregunto, ¿el S.E.P.R.O.N.A. merece el sueldo?. Como dice la canción, la respuesta está en el viento.)

Alcanzada la peña de Los Fontanales, la niebla no nos abandona y al grupo de trotones que va delante, lo perdemos de vista, pero esto no es tan malo, nos limpian el camino de piedras que es lo interesante.

Ya en Los Llanos del Fontan, un oasis entre roquedos, voy adivinando entre los ligeros claros que nos ofrece la borrina, las verticalidades de Peña Ubiña, del Prau Capón y del Horno. Un maravilloso rellano tapizado de esmeralda, en el que se encuentra la cuantiosa riqueza del manar del más frió manantial de Ubiña. Enigmático lugar que pasa desapercibido para la mayor parte del grupo. Solo con seguir a los más rápidos ya tienen bastante.

Del idílico lugar avanzamos, campo a través, por los empinados derrubios de aquellos paredones, buscando la base de la Peña de Puerta de Arco, a través de un pedrero que nos llevará a la entrada de la vía, lo más problemático de la subida, ya que hasta ahora solo nos habíamos enfrentado con lo pindio de la pendiente.

Una vez limpio de piedras el camino, gracias a la avanzadilla que va por delante, vamos penosamente ascendiendo por un gravero, que es la salida o desagüe de la canal de ataque. Una sola mirada a mis escuderos u hombres de la Peña, vasta para que ellos actúen. Mis grandes amigos los Madrera, pasan a cola para intentar ayudar a los más torpes, rectifico, a los más prudentes.

En un pequeño corredor encontramos al fin a los avanzados, justo en el inicio de la vía. Con un solo grito, me dirijo a Manolo: "No hay que apoyar las manos en ningún sitio; arriba y al Segundo Castillín". Y Manolo para adelante.

Parte la avanzadilla y en apurada trepada por los escarpes, no sabemos más de ellos hasta la salida de los Joyos de la Cabra, en la vertiente asturiana. ¡Que putas las pasó alguno!

Por detrás, vamos avanzando poco a poco, pero seguros. Lito nos podría contar lo mal que lo pasó en el entronque de la canal. Pero una estrategia ya pensada nos dio el resultado apetecido. Por delante Lito, Rosi, Carmen e Isabel; en el medio, un poco más retrasados, lo justo para evitar las piedras, Peña, Menchu y yo, para por detrás cerrando la marcha, los hombres de la Peña son la escolta de María.

Dirijo mi mirada hacia atrás y veo al fondo Torrebarrio, nada más, pues el resto lo tapa la niebla, pero también una sonrisa de oreja a oreja en el rostro de Justo, lo está pasando en grande.

Por un momento la histeria parece hacer mella en el grupo delantero, pero solo es un momento, la trepada y el compromiso de la vía no dejan lugar a otra cosa.

Al fin llegamos al agujero en la roca que es la gran referencia de la salida y la conclusión de la canal. Solo nos resta avanzar por el pedrero, hasta llegar al enfoque de los Joyos de la Cabra, donde nos espera el grupo avanzado. Aquí una vez más, la niebla nos ayuda y el fino viento, rugiente, que sale por la canal de Los Joyos de la Cabra, nos exporta el olor de algunas manchas existentes, presumiblemente en los calzoncillos y las bragas de algunos miembros del grupo. Otros lo hemos pasado de cine.

Me reprochan no haber dicho la verdad de cómo era la subida pero, "si digo la verdad no sube nadie". Cosas de la montaña.

Después de un breve descanso, optamos, no todos, hacer cumbre en el Segundo Castillín. Pena de día. La niebla no nos da tregua, pero por otro lado nos ayudó tapándonos a la vista el vacío de la subida y a la vez da un aspecto fantasmagórico a las frías agujas de caliza que circundan la zona.

La bajada a Tuiza no presento inconvenientes dignos de contar. Algunos optaron antes por realizar alguna otra cumbre para completar el día. En su cuenta quedaron el Primer Castillín y también el Pico La Puerta de Arco. Para la mayoría, la alegría de haber realizado una de las mayores gestas montañeras del nuestro querido Grupo de Montaña Las Xanas y haber sentido durante algunos momentos las sensaciones de aquellos hombres de la Peña, como Eladio, pastor de la Cueva del Planon, un anacoreta de la montaña; Ramón de Tuiza, Honorato de Torrebarrio y tantos otros esparcidos por los pueblos de los alrededores. Todos ellos, su último aliento lo entregaron a la montaña y ella recogió su espíritu para siempre.

Jorge Pablo

martes, diciembre 27, 2005

EL CAMIN DE LOS MOROS

NOVIEMBRE/2001

El próximo día 10 de Noviembre de 2001 comenzaremos el recorrido de una ruta histórica y muy antigua, que realizaremos en cinco etapas desde Puente Orugo en León, hasta la Catedral de Oviedo, y qué menos que conocer un poco de la historia que encierra este trayecto. Para ello utilizaremos el trabajo "Estudios de Historia de Asturias", de Juan Uría Riu, y en él nos basamos para fijar el nombre de "Camín de los moros" para esta ruta.

Aunque nosotros iniciamos el camino en Puente Orugo, hemos de pensar que , ya que su antigüedad se remonta a tiempos de los romanos, el inicio debería estar en la romana Astúrica Augusta (Astorga) o más allá, formando parte de la Ruta de la Plata. Seguramente serviría para unir esta importante ciudad con el núcleo poblado de Lucus Asturum (Lugo de Llanera) o incluso con Gegio (Gijón), donde se establecieron los soldados de la Legio IV Macedónica.

Desde Astorga, el camino es fácil que se acercase a la montaña asturiana donde se encuentra el Puerto de la Mesa, paso conocido por las legiones romanas, atravesando lo que ahora son los núcleos de población de La Carrera, Castrillo de Cepeda, Riello, Las Ventas de Villafeliz y Puente Orugo, nuestro punto de partida. De aquí hasta Torrestío, donde se inicia el Camino Real de la Mesa, quedan los núcleos de San Emiliano, Candemuela y Genestoso o Torrebarrio, diseminados en el ancho valle.

La Calzada de los Puertos de la Mesa se presta perfectamente al paso de las huestes de cualquier invasor, pues gracias a su altura y a la ausencia de valles cerrados, se evitan las emboscadas y sorpresas que darían los defensores en los valles. Desde Torrestío y tras recorrer unos tres kilómetros de buena pendiente, alcanzamos el Alto de La Mesa y poco más allá su braña. Desde aquí el camino se realiza por la parte alta de las laderas de un grupo de sierras y cordales. Desde La Mesa, en ligero descenso, se baja a las inmediaciones de la braña de Saliencia y la Cuesta de las Gavitas, donde se haya el Muro, extraña construcción de cantería que se cree pudo servir de defensa ante las agresiones procedentes de León, en época desconocida. Más tarde se pasa por lo que fue la Venta de la Magdalena, y poco más adelante por las brañas de la Corra y del Cuérrago, antes de acercarnos a las praderas del Xuego La Bola.

Continuando el suave descenso, el camino nos acerca a una nueva y extensa pradera en la que también existió una venta, Piedrajueves. Topónimo de origen romano que nos habla de un antiguo Petra Jovis, que nos da pie a pensar de la existencia de una lápida u otra construcción dedicada a Júpiter. Desde Piedrajueves el descenso se hace más pronunciado hasta el paraje de San Lorenzo donde existió otra venta y una ermita. A partir de aquí asciende el camino hacia la braña de Orderías y continúa por el Campo de Fasgueiro y la Celada hasta llegar a la Venta de Cueiro, reseñada ya en el siglo XVII junto con la existencia en sus inmediaciones de un castillo llamado Castillo de Miranda y perteneciente al obispo de Oviedo. En Cueiro también existió una capilla consagrada a Santa María.

Aquí el camino se bifurca y mientras que el más divulgado continúa por los parajes de la Pousa la Sal, Llano Gamón, La Forcada, Porcabeza, Balbona, Las Cruces, Los Lodos, Dolia y Grado, para continuar desde aquí hasta Lucus Asturum, es el otro ramal menos conocido, el que a nosotros nos ocupa. Este atraviesa la buena vega de Vicenturo (dice la leyenda que aquí se asentó una VI Centuria romana y de aquí su nombre actual), para subir más tarde a la capilla de Santa Cristina y bajar de ella al Fondón de Maravio y ascender después a las vueltas de San Bartuelo y la Cuendia de la Mula, donde se observa un buen trozo de empedrado enlosado.

Continuamos camino hacia Cuevallagar y el Rañón desde donde descendemos hacia Linares. Desde este punto podemos continuar a San Andrés de Trubia por la falda de la Sierra de Buanga, o por Castañeu del Monte descendiendo por La Canalona. En San Andrés, donde entroncamos con el conocido como Camín Francés, atravesamos el Río Trubia para continuar hasta la iglesia parroquial de Santa María de Trubia, mencionada ya en el año 863 en el "territorio Asturiense secus fleuuio Trupie". Continuando por la margen izquierda del río Trubia y tras atravesar la población del mismo nombre, encaminamos nuestros pasos al lugar de Godos, donde deberíamos cruzar el río Nalón bien por la puente de Godos, hoy desaparecido casi en su totalidad, o bien por la inexistente barca de Godos de la que solamente queda la que fue la casa del encargado de la barca. Ahora el paso se realiza por el lugar de Soto atravesando la pasarela paralela a lo que fue la vía de RENFE.

Desde Godos el camino continúa hasta Sograndio casi por la carretera que está construida en su mayoría, sobre lo que fue el camino antiguo. De Sograndio a las inmediaciones de Olivares, atravesamos los lugares de La Venta, L a Ventina, Sendín, Toriello y La Carrera. El último tramo del camino discurre ya por las calles de Oviedo y estas son las de Fuertes Acevedo, Avenida de Galicia, Avenida de Italia en el Campo de San Francisco, Plaza de la Escandalera, San Francisco y por fin, la Plaza de la Catedral, presidida por la majestuosa única torre de la seo Ovetense.

Hemos concluido la ruta conocida como Camín de los moros pero no hablamos para nada de éstos y sí mucho de romanos. Pero ya es hora de que hablemos un poco de los moros y de cómo y para qué accedían por estos caminos a Oviedo.

Según cuenta Juan Uría en sus escritos, allá por el año 794 y durante el emirato de Hixen (788-796), el ejercito de Abd el Melik ben Abd el-Wahid ben Mogueit, corto nombre, llega hasta Oviedo y profana y destruye parte de un templo que no puede ser otro que lo que luego sería la Catedral, comenzado a construir por el Rey Fruela, tal como nos indica el obispo D. Pelayo quien vió por sus propios ojos una lápida que existió en el lado derecho del crucero del templo de San Salvador, y que fuera colocada por el Rey Alfonso II el Casto, tras reconstruir y mejorar el templo levantado por su padre. Cuenta el ínclito obispo que en la lápida se leía que el Rey Fruela había levantado un templo que "los gentiles profanaron y destruyeron en parte". Esta destrucción se produjo tras el ataque de las huestes de Abd el-Melik, que por los escritos de Aben Alatir, "tuvo como resultado la destrucción de la capital del Rey Alfonso, la de las iglesias, y una cierta cantidad de botín". Confirmado por el cronista musulmán Ennuguarí quien asegura que "destruyó la capital" y "obtuvo gran botín".

Bien, ya tenemos a los árabes en Oviedo, pero ¿por dónde accedieron a la capital de la cristiandad? Son todo teorías pero no es muy difícil de intuir que su entrada en Asturias la realizan por el Puerto de la Mesa, máxime teniendo en cuenta que sí es conocido el itinerario de regreso, ya que sus cronistas aseguran que "a su retorno, engañados por su guía, fueron sometidos a duras pruebas, muchos de ellos perecieron, así como sus monturas, y perdieron sus bagajes, el resto pudo sin embargo escapar", y los cristianos relatan que en el lugar de Lutos, previamente ocupado por los asturianos, fueron muertos setenta mil con su propio jefe. Tanto Juan Uría como Sánchez Albornoz están de acuerdo en interpretar que el lugar de Lutos, que nombran las crónicas cristianas, se corresponde con Los Lodos en las inmediaciones de Grado y en el camino entre esta villa y le Calzada Romana de La Mesa. Por tanto, no es descabellado pensar que la entrada la realizasen también por la misma ruta, aunque es muy probable que entonces no continuasen hasta Grado ya que siempre tendrían la posibilidad más corta de desviarse desde las alturas que caen sobre Taja, para salir a Linares, Tuñón y Priorio por donde existía camino en la Alta Edad Media.

Ya tenemos a los árabes en nuestra ruta. Sabemos que muy fácilmente pudieron entrar en Oviedo atravesando por Linares y muy probable que lo hiciesen por la ruta que nosotros vamos a seguir. ¿Quién nos impide pensarlo así?

Pero tras esta campaña y para vengarse de la derrota sufrida en la vuelta, en la primavera del año siguiente, 795, las huestes de Hixem I al mando de Abd el-Kerim, parten nuevamente de Astorga con ánimo de vengar el descalabro de Lutos. Para ello formó un ejército de unos 60.000 hombres con unos 10.000 caballos. El rey cristiano escarmentado de la invasión anterior, formó su ejército con la ayuda de los vecinos vascos. El Rey Alfonso esperó a su enemigo en tierras leonesas, concretamente en el valle de Torrebarrio, como afirman Uría Y Albornoz, manteniendo la cordillera a sus espaldas para poder escapar en caso de derrota, como así ocurrió.

Derrotado Alfonso II, la caballería destruyó los cultivos y arruinó las construcciones que encontró a su paso, avanzando hasta el río Quirós donde encontró a Gadaxera con tres mil caballeros, que fueron también derrotados, siendo hecho prisionero el propio Gadaxera. Deseoso Abd el-Kerin de apoderarse de Alfonso, continuó su marcha hacia delante, y entonces el monarca asturiano abandonó la montaña donde se encontraba para refugiarse en una sólida fortaleza que había levantado en la orilla del Wad-Abalon, es decir, del río Nalón.

Esta es la traducción casi exacta de la crónica de Aben Adarí. El monarca cristiano pudo efectuar su huida a través del puerto de Ventana para bajar al río Quirós y continuar la huida a Oviedo por la sierra del Aramo, montaña de la que bajó a un posible castillo existente en las inmediaciones de Godos, muy posiblemente en Priorio. El lugar de la batalla entre Gadaxera y Abd el-Kerin, bien pudo ser cerca de la collada de Aciera donde existía un camino que pasando por Proaza llegaba a Oviedo.

Ya tenemos al Rey cerca de Godos y continuando la huida ya que los árabes no cejaban en su empeño de apresarle. Cercado en el posible castillo de Priorio, abandona sus pertenencias y víveres y corre a refugiarse a la amurallada Oviedo, donde también llega su perseguidor que, una vez más, asola la capital de la cristiandad, poniendo en fuga al monarca en dirección a la montaña de Covadonga.

Interpretación de Juan Uría y Sánchez Albornoz, de la crónica de Aben Alatir, quien relata el final de esta expedición, diciendo que Abd el-Melik "conquistó todo el país, pillando y destruyéndolo todo", agregando al final el detalle, tan pintoresco como fantástico, de que el caudillo musulmán violó las mujeres del Rey Alfonso, regresando de la expedición sin incidente alguno.

Bueno creo que ye tenéis bastante historia para interpretar mientras realizáis el camino y tal vez en él encontremos algún vestigio de las historias aquí narradas. Que el paseo os sea propicio.

JAFPA