jueves, diciembre 29, 2005

LA PASADA DE LA PUERTA DE ARCO

JULIO/2000

Son las seis de la mañana del día 8 de Julio de 2000; en mi mente un viejo proyecto en el que tiene mucho que ver Manolo: conseguir subir al Grupo las Xanas (colectiva), por uno de los más atrevidos pasos de la cordillera Cantábrica, la Pasada de la Puerta de Arco, con la ascensión de una cumbre única para los locos amantes del macizo de Ubiña: el 2º Castillín.
El día no ofrece muchas posibilidades en la vertiente asturiana, más bien todo lo contrario. Nieblas y fino orbayu (encainada como dice n los cainejos, o tien borrin la Penubina, para los de Tuiza), con lo cual mi gran plan tiene pocos visos de llegar a buen termino.
Múltiples observaciones, consultas de mapas y fotografías, búsqueda de textos, consultas a otros montañeros. El día que un grupo de miembros de Las Xanas atacamos la vía con el fin de hacer más factible la colectiva, la gran decepción. Pero algo se consiguió, los más atrevidos lograron pasar después de equivocarnos de canal. Mis consultas con ellos no me dan esperanza: "es algo fuerte para una colectiva".

Pero si un grupo es grande, grandes deben ser sus gestas y eso es lo que me propongo emprender. Comento con mis compañeros de avanzadilla para que den el visto bueno a la empresa y con ello comunicamos al grupo que vemos viable la colectiva.

Una vez instalados en el autocar que nos acercará al escenario de operaciones, la climatología no nos da tregua. El paso por el Puerto Ventana es regado por un fino orbayo que nos va minando todos los planes hechos con antelación. Mi mente, así como mis Osados, ya se ven envueltos en una colectiva degradada, eso sí, acompañada de un buen ambiente "vuelve el hombre", que nos puede deparar la ruta desde la Casa Mieres en travesía hasta Tuiza.

Cual sería mi sorpresa cuando arribamos a Torrebarrio y veo que los que toman a menudo las decisiones en el grupo, deciden atacar, sin más. Ya no llueve y hay visos de claridad por encima de las nubes, pero la lluvia podría resultar nefasta para nuestras operaciones y fines. Todos mis planes de acción me asaltan como por arte de magia, encadenados unos a otros hasta dar lugar a la conquista del reto.

La artillería pesada (léase gente con dificultades por el vértigo), decide irse en travesía hasta Tuiza por Pinos, con lo cual se nos quita de encima una preocupación.

Atacamos la ascensión por el camino del Ronzón hasta Llandanay, donde giramos al noroeste, a seguir por La Cueña. Cual sería mi sorpresa, al encontrarme con un nuevo atentado a mi querido macizo, una pista de nueva construcción que llega hasta Los Llanos del Fontan. (Pregunto, ¿el S.E.P.R.O.N.A. merece el sueldo?. Como dice la canción, la respuesta está en el viento.)

Alcanzada la peña de Los Fontanales, la niebla no nos abandona y al grupo de trotones que va delante, lo perdemos de vista, pero esto no es tan malo, nos limpian el camino de piedras que es lo interesante.

Ya en Los Llanos del Fontan, un oasis entre roquedos, voy adivinando entre los ligeros claros que nos ofrece la borrina, las verticalidades de Peña Ubiña, del Prau Capón y del Horno. Un maravilloso rellano tapizado de esmeralda, en el que se encuentra la cuantiosa riqueza del manar del más frió manantial de Ubiña. Enigmático lugar que pasa desapercibido para la mayor parte del grupo. Solo con seguir a los más rápidos ya tienen bastante.

Del idílico lugar avanzamos, campo a través, por los empinados derrubios de aquellos paredones, buscando la base de la Peña de Puerta de Arco, a través de un pedrero que nos llevará a la entrada de la vía, lo más problemático de la subida, ya que hasta ahora solo nos habíamos enfrentado con lo pindio de la pendiente.

Una vez limpio de piedras el camino, gracias a la avanzadilla que va por delante, vamos penosamente ascendiendo por un gravero, que es la salida o desagüe de la canal de ataque. Una sola mirada a mis escuderos u hombres de la Peña, vasta para que ellos actúen. Mis grandes amigos los Madrera, pasan a cola para intentar ayudar a los más torpes, rectifico, a los más prudentes.

En un pequeño corredor encontramos al fin a los avanzados, justo en el inicio de la vía. Con un solo grito, me dirijo a Manolo: "No hay que apoyar las manos en ningún sitio; arriba y al Segundo Castillín". Y Manolo para adelante.

Parte la avanzadilla y en apurada trepada por los escarpes, no sabemos más de ellos hasta la salida de los Joyos de la Cabra, en la vertiente asturiana. ¡Que putas las pasó alguno!

Por detrás, vamos avanzando poco a poco, pero seguros. Lito nos podría contar lo mal que lo pasó en el entronque de la canal. Pero una estrategia ya pensada nos dio el resultado apetecido. Por delante Lito, Rosi, Carmen e Isabel; en el medio, un poco más retrasados, lo justo para evitar las piedras, Peña, Menchu y yo, para por detrás cerrando la marcha, los hombres de la Peña son la escolta de María.

Dirijo mi mirada hacia atrás y veo al fondo Torrebarrio, nada más, pues el resto lo tapa la niebla, pero también una sonrisa de oreja a oreja en el rostro de Justo, lo está pasando en grande.

Por un momento la histeria parece hacer mella en el grupo delantero, pero solo es un momento, la trepada y el compromiso de la vía no dejan lugar a otra cosa.

Al fin llegamos al agujero en la roca que es la gran referencia de la salida y la conclusión de la canal. Solo nos resta avanzar por el pedrero, hasta llegar al enfoque de los Joyos de la Cabra, donde nos espera el grupo avanzado. Aquí una vez más, la niebla nos ayuda y el fino viento, rugiente, que sale por la canal de Los Joyos de la Cabra, nos exporta el olor de algunas manchas existentes, presumiblemente en los calzoncillos y las bragas de algunos miembros del grupo. Otros lo hemos pasado de cine.

Me reprochan no haber dicho la verdad de cómo era la subida pero, "si digo la verdad no sube nadie". Cosas de la montaña.

Después de un breve descanso, optamos, no todos, hacer cumbre en el Segundo Castillín. Pena de día. La niebla no nos da tregua, pero por otro lado nos ayudó tapándonos a la vista el vacío de la subida y a la vez da un aspecto fantasmagórico a las frías agujas de caliza que circundan la zona.

La bajada a Tuiza no presento inconvenientes dignos de contar. Algunos optaron antes por realizar alguna otra cumbre para completar el día. En su cuenta quedaron el Primer Castillín y también el Pico La Puerta de Arco. Para la mayoría, la alegría de haber realizado una de las mayores gestas montañeras del nuestro querido Grupo de Montaña Las Xanas y haber sentido durante algunos momentos las sensaciones de aquellos hombres de la Peña, como Eladio, pastor de la Cueva del Planon, un anacoreta de la montaña; Ramón de Tuiza, Honorato de Torrebarrio y tantos otros esparcidos por los pueblos de los alrededores. Todos ellos, su último aliento lo entregaron a la montaña y ella recogió su espíritu para siempre.

Jorge Pablo

martes, diciembre 27, 2005

EL CAMIN DE LOS MOROS

NOVIEMBRE/2001

El próximo día 10 de Noviembre de 2001 comenzaremos el recorrido de una ruta histórica y muy antigua, que realizaremos en cinco etapas desde Puente Orugo en León, hasta la Catedral de Oviedo, y qué menos que conocer un poco de la historia que encierra este trayecto. Para ello utilizaremos el trabajo "Estudios de Historia de Asturias", de Juan Uría Riu, y en él nos basamos para fijar el nombre de "Camín de los moros" para esta ruta.

Aunque nosotros iniciamos el camino en Puente Orugo, hemos de pensar que , ya que su antigüedad se remonta a tiempos de los romanos, el inicio debería estar en la romana Astúrica Augusta (Astorga) o más allá, formando parte de la Ruta de la Plata. Seguramente serviría para unir esta importante ciudad con el núcleo poblado de Lucus Asturum (Lugo de Llanera) o incluso con Gegio (Gijón), donde se establecieron los soldados de la Legio IV Macedónica.

Desde Astorga, el camino es fácil que se acercase a la montaña asturiana donde se encuentra el Puerto de la Mesa, paso conocido por las legiones romanas, atravesando lo que ahora son los núcleos de población de La Carrera, Castrillo de Cepeda, Riello, Las Ventas de Villafeliz y Puente Orugo, nuestro punto de partida. De aquí hasta Torrestío, donde se inicia el Camino Real de la Mesa, quedan los núcleos de San Emiliano, Candemuela y Genestoso o Torrebarrio, diseminados en el ancho valle.

La Calzada de los Puertos de la Mesa se presta perfectamente al paso de las huestes de cualquier invasor, pues gracias a su altura y a la ausencia de valles cerrados, se evitan las emboscadas y sorpresas que darían los defensores en los valles. Desde Torrestío y tras recorrer unos tres kilómetros de buena pendiente, alcanzamos el Alto de La Mesa y poco más allá su braña. Desde aquí el camino se realiza por la parte alta de las laderas de un grupo de sierras y cordales. Desde La Mesa, en ligero descenso, se baja a las inmediaciones de la braña de Saliencia y la Cuesta de las Gavitas, donde se haya el Muro, extraña construcción de cantería que se cree pudo servir de defensa ante las agresiones procedentes de León, en época desconocida. Más tarde se pasa por lo que fue la Venta de la Magdalena, y poco más adelante por las brañas de la Corra y del Cuérrago, antes de acercarnos a las praderas del Xuego La Bola.

Continuando el suave descenso, el camino nos acerca a una nueva y extensa pradera en la que también existió una venta, Piedrajueves. Topónimo de origen romano que nos habla de un antiguo Petra Jovis, que nos da pie a pensar de la existencia de una lápida u otra construcción dedicada a Júpiter. Desde Piedrajueves el descenso se hace más pronunciado hasta el paraje de San Lorenzo donde existió otra venta y una ermita. A partir de aquí asciende el camino hacia la braña de Orderías y continúa por el Campo de Fasgueiro y la Celada hasta llegar a la Venta de Cueiro, reseñada ya en el siglo XVII junto con la existencia en sus inmediaciones de un castillo llamado Castillo de Miranda y perteneciente al obispo de Oviedo. En Cueiro también existió una capilla consagrada a Santa María.

Aquí el camino se bifurca y mientras que el más divulgado continúa por los parajes de la Pousa la Sal, Llano Gamón, La Forcada, Porcabeza, Balbona, Las Cruces, Los Lodos, Dolia y Grado, para continuar desde aquí hasta Lucus Asturum, es el otro ramal menos conocido, el que a nosotros nos ocupa. Este atraviesa la buena vega de Vicenturo (dice la leyenda que aquí se asentó una VI Centuria romana y de aquí su nombre actual), para subir más tarde a la capilla de Santa Cristina y bajar de ella al Fondón de Maravio y ascender después a las vueltas de San Bartuelo y la Cuendia de la Mula, donde se observa un buen trozo de empedrado enlosado.

Continuamos camino hacia Cuevallagar y el Rañón desde donde descendemos hacia Linares. Desde este punto podemos continuar a San Andrés de Trubia por la falda de la Sierra de Buanga, o por Castañeu del Monte descendiendo por La Canalona. En San Andrés, donde entroncamos con el conocido como Camín Francés, atravesamos el Río Trubia para continuar hasta la iglesia parroquial de Santa María de Trubia, mencionada ya en el año 863 en el "territorio Asturiense secus fleuuio Trupie". Continuando por la margen izquierda del río Trubia y tras atravesar la población del mismo nombre, encaminamos nuestros pasos al lugar de Godos, donde deberíamos cruzar el río Nalón bien por la puente de Godos, hoy desaparecido casi en su totalidad, o bien por la inexistente barca de Godos de la que solamente queda la que fue la casa del encargado de la barca. Ahora el paso se realiza por el lugar de Soto atravesando la pasarela paralela a lo que fue la vía de RENFE.

Desde Godos el camino continúa hasta Sograndio casi por la carretera que está construida en su mayoría, sobre lo que fue el camino antiguo. De Sograndio a las inmediaciones de Olivares, atravesamos los lugares de La Venta, L a Ventina, Sendín, Toriello y La Carrera. El último tramo del camino discurre ya por las calles de Oviedo y estas son las de Fuertes Acevedo, Avenida de Galicia, Avenida de Italia en el Campo de San Francisco, Plaza de la Escandalera, San Francisco y por fin, la Plaza de la Catedral, presidida por la majestuosa única torre de la seo Ovetense.

Hemos concluido la ruta conocida como Camín de los moros pero no hablamos para nada de éstos y sí mucho de romanos. Pero ya es hora de que hablemos un poco de los moros y de cómo y para qué accedían por estos caminos a Oviedo.

Según cuenta Juan Uría en sus escritos, allá por el año 794 y durante el emirato de Hixen (788-796), el ejercito de Abd el Melik ben Abd el-Wahid ben Mogueit, corto nombre, llega hasta Oviedo y profana y destruye parte de un templo que no puede ser otro que lo que luego sería la Catedral, comenzado a construir por el Rey Fruela, tal como nos indica el obispo D. Pelayo quien vió por sus propios ojos una lápida que existió en el lado derecho del crucero del templo de San Salvador, y que fuera colocada por el Rey Alfonso II el Casto, tras reconstruir y mejorar el templo levantado por su padre. Cuenta el ínclito obispo que en la lápida se leía que el Rey Fruela había levantado un templo que "los gentiles profanaron y destruyeron en parte". Esta destrucción se produjo tras el ataque de las huestes de Abd el-Melik, que por los escritos de Aben Alatir, "tuvo como resultado la destrucción de la capital del Rey Alfonso, la de las iglesias, y una cierta cantidad de botín". Confirmado por el cronista musulmán Ennuguarí quien asegura que "destruyó la capital" y "obtuvo gran botín".

Bien, ya tenemos a los árabes en Oviedo, pero ¿por dónde accedieron a la capital de la cristiandad? Son todo teorías pero no es muy difícil de intuir que su entrada en Asturias la realizan por el Puerto de la Mesa, máxime teniendo en cuenta que sí es conocido el itinerario de regreso, ya que sus cronistas aseguran que "a su retorno, engañados por su guía, fueron sometidos a duras pruebas, muchos de ellos perecieron, así como sus monturas, y perdieron sus bagajes, el resto pudo sin embargo escapar", y los cristianos relatan que en el lugar de Lutos, previamente ocupado por los asturianos, fueron muertos setenta mil con su propio jefe. Tanto Juan Uría como Sánchez Albornoz están de acuerdo en interpretar que el lugar de Lutos, que nombran las crónicas cristianas, se corresponde con Los Lodos en las inmediaciones de Grado y en el camino entre esta villa y le Calzada Romana de La Mesa. Por tanto, no es descabellado pensar que la entrada la realizasen también por la misma ruta, aunque es muy probable que entonces no continuasen hasta Grado ya que siempre tendrían la posibilidad más corta de desviarse desde las alturas que caen sobre Taja, para salir a Linares, Tuñón y Priorio por donde existía camino en la Alta Edad Media.

Ya tenemos a los árabes en nuestra ruta. Sabemos que muy fácilmente pudieron entrar en Oviedo atravesando por Linares y muy probable que lo hiciesen por la ruta que nosotros vamos a seguir. ¿Quién nos impide pensarlo así?

Pero tras esta campaña y para vengarse de la derrota sufrida en la vuelta, en la primavera del año siguiente, 795, las huestes de Hixem I al mando de Abd el-Kerim, parten nuevamente de Astorga con ánimo de vengar el descalabro de Lutos. Para ello formó un ejército de unos 60.000 hombres con unos 10.000 caballos. El rey cristiano escarmentado de la invasión anterior, formó su ejército con la ayuda de los vecinos vascos. El Rey Alfonso esperó a su enemigo en tierras leonesas, concretamente en el valle de Torrebarrio, como afirman Uría Y Albornoz, manteniendo la cordillera a sus espaldas para poder escapar en caso de derrota, como así ocurrió.

Derrotado Alfonso II, la caballería destruyó los cultivos y arruinó las construcciones que encontró a su paso, avanzando hasta el río Quirós donde encontró a Gadaxera con tres mil caballeros, que fueron también derrotados, siendo hecho prisionero el propio Gadaxera. Deseoso Abd el-Kerin de apoderarse de Alfonso, continuó su marcha hacia delante, y entonces el monarca asturiano abandonó la montaña donde se encontraba para refugiarse en una sólida fortaleza que había levantado en la orilla del Wad-Abalon, es decir, del río Nalón.

Esta es la traducción casi exacta de la crónica de Aben Adarí. El monarca cristiano pudo efectuar su huida a través del puerto de Ventana para bajar al río Quirós y continuar la huida a Oviedo por la sierra del Aramo, montaña de la que bajó a un posible castillo existente en las inmediaciones de Godos, muy posiblemente en Priorio. El lugar de la batalla entre Gadaxera y Abd el-Kerin, bien pudo ser cerca de la collada de Aciera donde existía un camino que pasando por Proaza llegaba a Oviedo.

Ya tenemos al Rey cerca de Godos y continuando la huida ya que los árabes no cejaban en su empeño de apresarle. Cercado en el posible castillo de Priorio, abandona sus pertenencias y víveres y corre a refugiarse a la amurallada Oviedo, donde también llega su perseguidor que, una vez más, asola la capital de la cristiandad, poniendo en fuga al monarca en dirección a la montaña de Covadonga.

Interpretación de Juan Uría y Sánchez Albornoz, de la crónica de Aben Alatir, quien relata el final de esta expedición, diciendo que Abd el-Melik "conquistó todo el país, pillando y destruyéndolo todo", agregando al final el detalle, tan pintoresco como fantástico, de que el caudillo musulmán violó las mujeres del Rey Alfonso, regresando de la expedición sin incidente alguno.

Bueno creo que ye tenéis bastante historia para interpretar mientras realizáis el camino y tal vez en él encontremos algún vestigio de las historias aquí narradas. Que el paseo os sea propicio.

JAFPA

RUTA A EL CHAO LOS BUEYES

OCTUBRE/2002

Tras dejar el autocar en Xenestoso (1170 m), no sin antes ayudar a la "choferessa" a dar la vuelta al vehículo, ya que la poca civilización de algunos, les hace olvidar que en los pueblos no hay mucho espacio para dar la vuelta vehículos grandes, y dejan el coche en cualquier lugar. Como digo, después de que nuestro autocar nos dejó, iniciamos la ruta por el PR AS-210, denominado RUTA DEL CABRIL. Un ancho camino, continuación de la carretera, que pronto se bifurca, y hay que seguir por el que gira a la izquierda. El camino va subiendo paulatinamente casi sin darnos respiro, por el valle de Corros. A la derecha dejamos una fuente con difícil acceso al chorro de agua, por lo lejos que está del brocal y poco más allá el camino da un fuerte giro a la derecha y la pradera que tenemos delante nos hace pensar que podría ser un buen atajo. Lo es en realidad, pero como dice el refrán, "no hay atajo sin trabajo", y este si nos hará sudar un buen rato hasta que volvamos a confluir con el camino, algunos metros más arriba.

Siempre por el camino, o por alguno de los atajos, llegaremos a una zona llana donde existieron algunas cabañas y donde este se hace algo más angosto y empinado para terminar al fin, en la Collada Tres Lagunas (1721 m; 1h 30 min.). Ya veníamos contemplando el manto blanco que cubre la cumbre del Chao los Bueyes, nuestro próximo objetivo, y aquí nos podemos dar cuenta que nos toca pisar nieve.

Tras realizar las fotos de rigor del Cogollu y del Cogollu Cebolleu con las lagunas en primer término, iniciamos la ascensión del Chao los Bueyes por su cara sur que es la más asequible. Para ello seguimos cualquiera de los senderos de ganado que poco a poco van ganando altura, o bien de frente, por el lugar que más nos convenza, dependiendo de nuestra forma física. La ascensión no es muy larga y la dureza que pudiera tener, se ve compensada por las magníficas vistas que desde la cumbre se contemplan (1932 m; 50 min.). La vista se abre y además de las cumbres que ya vimos en el collado, aparecen también el Cornón, todo el cordal que vamos a recorrer, así como el contiguo de la Llamera, el Cueto Arbás y el Pico del Fraile, y mucho más lejos, aparece la mole del Miravalles.

Las vistas son buenas pero el fuerte viento que nos recibe en la cumbre no nos deja disfrutar de ellas, por lo que continuamos nuestro camino por la cresta oeste, dejando a nuestra izquierda el Pico de Llanos Secos y los Corripios.

La siguiente cumbre, Los Corros de 1934 m. (10 min.), nos da las mismas vistas y nos regala una buena visión de Xenestoso, nuestro punto de partida. El aire continúa y nosotros seguimos rumbo al collado del Recuélebre que es la depresión por la que perderemos más de doscientos metros de altitud. La vista del valle del Río Tuerto según vamos bajando, es preciosa, con los verdes de la pradera y el serpenteante río rompiendo la monotonía de color. Llegados a la collada (1671 m; 25 min.) reiniciamos la ascensión esta vez a la cumbre de La Gamonal que con sus 1850 m. nos recibe 30 minutos después, con una fuerte ventolera. Las vistas no varían gran cosa y ya al fondo aparece la Gobia de Cacabiechos (1862 m.), nuestro próximo objetivo, alcanzado 35 minutos más tarde.

Un pequeño descanso para observar el camino que resta hasta la zona del pueblo que vemos al final del valle, formado por el Río Sonande al atravesar el Monte del Acebo, y que se trata de Vallado. Nuestro destino, La Llamera, queda a la derecha tapado por la sierra del mismo nombre. La Sierra de la Llamera, en su parte oeste, está sembrada de pistas que se cruzan unas con otras y que como recomendación para no equivocarse, hay que seguir la más ancha, que en múltiples vueltas y revueltas, nos llevará a La Llamera, tras pasar por la braña de Llin de la Peña (1340 m; 45 min.). Sin perder la paciencia y continuando por el ancho camino, llegaremos al pueblo (835 m; 1 hora) y que el Señor nos coja confesados, pues si no se va en un apretado grupo, se puede uno encontrar con la desagradable sorpresa que tuvimos nosotros. Uno de nuestros compañeros se adelanto al resto y al llegar a La Llamera, algunos personajes del pueblo con malos modos, le reprocharon que bajase por la pista, ya que según parece, es terreno particular y prohibido a personas y máquinas, tal como reza un cartel al final de la pista. Si el grupo es grande, no suele ocurrir nada, pero en solitario puede peligrar la integridad del interpelado, tal como nos sucedió a nosotros. Por tanto, antes de iniciar esta ruta, consultar las posibilidades de finalizar en algún otro lugar distinto a La Llamera.

Tras este desagradable incidente, solo nos resta continuar por la carretera hasta las inmediaciones de Sorrodiles (705 m; 30 min.) donde nos espera el resto del grupo y el autocar.

JAFPA

CABEZA PANDESCURA


FEBRERO/2003

La Cabeza Pandescura no es nueva para el grupo, ya que en ella estuvimos algunos el pasado año, cuando realizamos la ascensión al pico Cantón de Texeu.

Pero en esta ocasión, la cumbre no era lo importante en principio. El porque de la ruta estaba en pasar por Comeya y efectuar el desfiladero del río Casaño.

Para ello a las 10:45 de la mañana nos encontrábamos en la carretera de Covadonga a los Lagos, concretamente en la zona denominada La Huesera (760 m; 0:0 h). En este sitio existe el inicio de un camino cerrado con una maroma de acero y un cartel que indica su uso ganadero. Siguiendo dicho camino y con suave pendiente, alcanzamos el Collado Uberdón (915 m; 0:25 h), donde se nos aparece la Vega Comeya en toda su extensión. Alguien más llama a nuestra retina: Al frente, El Central. A la derecha El Cornión. Ambos cubiertos de nieve resplandeciente gracias a los rayos de sol, en un día espléndido de luz. El único pero lo ponemos los fotógrafos, que tenemos el sol sobre las cumbres. Pero las vistas son fabulosas.

Descendemos del Collado Uberdón dejando a la derecha las cabañas de la majada El Castiello y pisamos la verde pradera, algo húmeda, más bien casi encharcada, de Vega Comeya. No es de extrañar el agua, ya que la pasada semana la nieve cubría toda su extensión. Siempre por el centro de la vega, siguiendo el camino de agua, la atravesamos por completo, dejando a izquierda y derecha las cumbres que la flanquean y la encierra. Nuestros pasos se dirigen a los restos de lo que en su día constituyó una industria y que hoy son montones de piedras. Hay una cabaña con un árbol (795 m; 1:00 h), y desde ella observamos toda la vega antes de continuar camino por el valle que tenemos a la izquierda. Antes pasamos por la majada y vega de la Rondillina (886 m; 1:10 h).

La subida es larga y entretenida pues hay que ir salvando el barro y el agua que corre por todas partes. Al final del valle Las Llampazas, nos situamos en el Colladín del Cantón (1068 m; 1:45 h), al pie mismo del Cantón de Texeu y sobre una pista que viene desde Belbín y se dirige a Demues.

Desde la pista, en la zona del Collado Camba, volvemos a ver las estribaciones del Cornión, distinguiendo perfectamente la blanca silueta de la Torre de Santa María que asoma por detrás del Cantón, la Peña Santa brillante y las cumbres acólitos que las acompañan, Traviesos, Torre de los Cabrones, Verdelluenga y ya mucho mas cerca el Jascal enfrente nuestro.

Continuamos camino bajando por la pista y dando vista a nuestra cumbre y también a todo el Cuera, con el Torbina sobresaliendo de entre la muralla. Perdemos algo de tiempo esperando a los que vienen retrasados y nos situamos en el Collado El Reguero (755 m; 2:30 h), cruce de cuatro caminos. Uno, la pista que continúa su descenso, otro por el que veníamos, un tercero que tomaremos para ir a Pandescura y un cuarto que desciende al Casaño y por el que luego continuaremos.

Tomamos el camino que sube por la pradera dando un rodeo a la izquierda y que en poco tiempo nos sitúa en la majada de Bustaselvin (863 m; 2:45 h) dando vista nuevamente a la roca de la Cabeza Pandescura. La subida la realizamos por la brecha que se forma entre las dos grandes rocas desgajadas y por zona escalonada a la izquierda vamos ganando la cumbre (1000 m; 3:10 h).
Aquí las vistas son ya inigualables. El pico se encuentra totalmente separado de todo y nadie le quita las vistas alrededor. Al noroeste la sierra del Sueve con su cumbre dominante el Pienzu; en el nordeste la larga crestería del Cuera, con el Torbina al frente. Y por el sur… Por el sur un sinfín de azucaradas crestas se nos presentan: el Jultayu, la Verdelluenga, Torre de los Cabrones, los Traviesos, Peña Santa que asoma su cabeza sobre la Torre de la Canal Parda. A su derecha la Torre del Torco y la magnífica y poderosa Torre de Santa Maria. Le siguen las Torres de Cebollera y los Argaos y más a la derecha el Requesón, la Torre los Poyones y el Cotalva. Pero no acaba aquí el recuento de cumbres. Más a la derecha, por detrás del Porru Uberdón, asoma la inconfundible silueta del Tiatordos.

En fin. La estancia en la cumbre se prolonga extrañamente un tiempo poco habitual. Tras las múltiples fotos y un ligero tente en pie, reiniciamos la marcha sobre nuestros propios pasos, pues tenemos que volver al Collado el Reguero (755 m; 3:25 h) donde tomamos el cuarto camino, aquel que sale en dirección este y se dirige al bosque sobre el río Casaño. El camino es amplio y jalonado de árboles. Casi sin perder altura seguimos la pista hasta que este desaparece bruscamente y es sustituida por un estrecho sendero que nos lleva a un hombro donde una piedra parece hacer equilibrios. Es la Piedra Entalingada. Abajo el Casaño nos espera. El sendero continúa y nos introduce en el Valle Llamero, donde debemos abandonarlo para ir descendiendo valle abajo en dirección al Casaño. Seguimos un sendero bien marcado y de fuerte pendiente, que ya en el río nos sitúa en el Puente Llamero (450 m; 4:15 h), dos viejos troncos que nos cruzan a la otra orilla. El río baja alegre y supongo que muy frío. No es época propicia para dejarse caer, aunque el pozo que hay debajo parece profundo.

Continuamos camino por la orilla derecha del Casaño siguiendo un caminillo que va subiendo hacia la izquierda. Poco a poco el camino se hace más ancho y cuando nos damos cuenta nos encontramos en la “Ruta del Cares “. Un estrecho desfiladero por el que antiguamente pasaba la tubería que surtía de agua a la central eléctrica que veremos más adelante. Es una preciosidad de camino. Ya digo, muy similar a la Ruta del Cares pero de proporciones mucho más pequeñas. Va escavado directamente a la roca y hay sitios donde debemos agachar la cabeza para no pegar en el techo. El desfiladero no es muy largo y pronto llegamos a un punto donde una aguja aparcada a la izquierda hace con la pared las veces de puerta. Bien por aquí o bien pocos metros más allá, donde se acaba el sendero, debemos iniciar el descenso nuevamente al río.

En el cauce del Casaño encontraremos un nuevo caminillo que nos acerca a Vega Batuda. El camino, siempre por la margen derecha, se va haciendo cada vez más ancho y marcado. El paisaje del río es muy bonito y el murmullo del agua nos acompaña. Legamos al Puente los Mineros (350 m; 5:15 h), donde varios troncos nos dan paso a la orilla izquierda del Casaño. Continuando por ella pronto nos situamos en la majada de El Sitio (345 m; 5:25 h), con varias cabañas en buen estado y con varias cabras. Al otro lado del río, se ven las ruinas de la antigua central eléctrica que comentamos más arriba. Aquí aprovechamos para dar buena cuenta de las viandas que portábamos y recuperar un poco el resuello.

Nuevamente en el camino y sin salir de El Sitio, debemos cruzar un nuevo puente, Escobín y pasar a la margen derecha para continuar por la amplia pista que atraviesa un pequeño bosque de viejos castaños, donde podremos contemplar unos diminutos corros, que se utilizan para guardar la leche.

Seguimos en compañía del río hasta un punto en el que este se precipita repentinamente, desapareciendo de nuestra vista. Un puentecillo de hormigón nos conduce sobre el río dejando a la derecha otro más antiguo, Puente Pompedro (305 m; 5:45 H), por donde se precipita ruidosamente el Casaño. El camino que llega a este puente, procede del Jascal.

Ya siempre por la pista continuamos hasta la Molina (356 m; 5:55 h). Desde este punto vamos siguiendo la carretera que en sinuosa pendiente, nos conduce a nuestro destino final Ortiguero (358 m; 6:15 h)

JAFPA

LOS PUEBLOS DEL VALLE DE ARBÁS



Abril/2001

Después del adverso flumine ambulacrum del último sábado de marzo, para estrenar el mes de abril nos vamos a dar una vuelta por tierras de Cangas del Narcea, en concreto por el Valle del río Naviego y así conocer los bonitos pueblos de esta comarca del occidente asturiano. No es esta ruta ninguna dura ascensión de las que tanto echamos de menos (por lo menos un sector de este grupo), es una excursión para hacer relajadamente, sin prisas, y conocer así algunos rincones realmente dignos de contemplación y, como no, poder reponer líquidos con los sabrosos caldos de la tierra.




Para iniciar esta ruta nos dirigimos hacia el Puerto de Leitariegos y, sin llegar al alto, iniciaremos la caminata en el pueblo de Brañas de Arriba (Brañas d´Arriba), a 1.330 metros. Es esta aldea la cabecera de la parroquia de Santa María de Brañas o Leitariegos, siendo el primer paso de las comunicaciones trasmontanas a lo largo de la Edad Media con el occidente asturiano. A esta parroquia pertenecen los núcleos de Brañas de Arriba, Brañas de Abajo, Cabuezos y Trascastro, por los que pasaremos. Esta parroquia ya está documentada desde la Alta Edad media. Hasta 1579 fue coto jurisdiccional representado por el abad de Corias. entre 1821 y 1921 fue concejo independiente, hasta su anexión al de Cangas del Narcea. Su altitud media es de 1.000 metros, destacando el Cueto Arbás, último dos mil de la Cordillera y que ya tuvimos ocasión de subir el año pasado.


Había en esta parroquia un hospital fundado en el siglo XI por el monasterio de Corias que servía para dar protección a los caminantes que atravesaban la ruta de Leitariegos, que hasta finales del siglo XIX pasaba por el pueblo de Brañas de Arriba. La hospitalidad de los vecinos hizo que en 1326 el rey Alfonso XI otorgara el denominado Privilegio de Leitariegos, que se mantuvo hasta 1879, y por el cual los vecinos quedaban exentos de foros y de servicio militar.

En medio del pueblo de Brañas de Arriba aún se conserva el edificio consistorial. La antigua iglesia fue quemada durante la guerra civil y posteriormente reconstruida. Llama la atención la casa del Vaqueiro, situada en el fondo del pueblo y que conserva su teito de baguna, denominado así por la cubrición de paja atada por unas varas delgadas trenzadas, que son visibles desde el exterior.

Dice la leyenda que el antiguo pueblo estaba en la ahora braña de Villar de Arbás, a los pies del Cueto, siendo abandonada por los frecuentes aludes de nieve.

Siguiendo valle abajo, por un camino bien marcado, llegamos a Brañas de Abajo (Brañas d´Abaxo), situado a 1.260 metros, en la ladera derecha del río Naviego. Hay en el lugar una pequeña capilla bajo la advocación de San Antonio, con retablo del siglo XVII con escudo franciscano. Desde aquí tenemos unas buenas vistas del Cueto Arbás, del pico Fraile y del antiguo pueblo de Brañas.

Seguimos descendiendo hasta el caserío de Cabuezos, en la misma ladera y a una altitud de 1.160 metros. La existencia de Cabuezos viene dada como venta en el antiguo camino camino real del Puerto de Leitariegos. La primitiva casa ha sido rehabilitada como segunda vivienda, mientras que la casilla está en ruinas. Existe en este lugar una buena fuente.

Desde Cabuezos el camino nos conduce a una pista que sube de Trascastro a la carretera de Leitariegos, por la que llegaremos a Trascastro (Trescastru), último pueblo de la parroquia de la Braña. Según el Libro de Registro de Corias, se sitúa en sus términos el hospital de Cafrenale, relacionado con la ruta de Leitariegos hacia la Meseta. Esta aldea se dispone sobre una suave ladera a orillas del río Naviego a un altura de 900 metros. El nombre de Trascastro aparece ligado al castro que se encuentra debajo del pueblo.

Dejando atrás Trascatro entramos en la parroquia de San Julián de Arbás (Santuyanu d´Arbas), parroquia que cuenta con un territorio rico en arbolado y praderías, destacando la vegetación propia de áreas de montaña.

El primer pueblo que nos encontramos en esta parroquia es Arbás (Arbas), situado en la orilla derecha del río Naviego, a una altitud de 820 metros y al que llegamos tomando un camino que sale a la izquierda una vez hemos salido de Trascastro. Su topónimo de nombre a una alta zona del concejo situada al sur, y paso obligado con la limítrofe comarca leonesa de Laciana.

Más adelante, de la parte baja de Arbás sale un camino que nos conduce hasta Vegameoro (Veigamiedru), situado a unos 800 metros en las proximidades donde el río Naviego recibe las aguas del río Molín. Presenta un caserío concentrado donde destaca por sus dimensiones la casa Ferreiro, con hórreo y capilla en el patio cerrado.

Llegados a este punto seguimos la carretera de Leitariegos hasta llegar a Villager (Villaxer), situado a 800 metros. Siguiendo la ruta, a nuestra izquierda queda San Julián de Arbás (Santuyanu d´Arbas),cabecera de la parroquia de su mismo nombre. Está emplazada a orillas de río Naviego a unos 730 m. de altitud. Presenta una iglesia del siglo XIV con reformas posteriores y un retablo mayor del siglo XVII.

Llegados a este punto, y después de una continua bajada, tenemos que subir hasta llegar a Miravalles, aldea situada a 940 metros. Su topónimo hace referencia a su privilegiada ubicación que permite contemplar en su parte más alta el fértil valle de Naviego flanqueado por el Cueto Arbás, el pico el Fraile y las peñas de Cimeira. Entre su caserío destaca el palacio de Miravalles, del siglo XIX.

Desde Miravalles seguimos una pista que nos lleva hasta La Chabola de Vallado (La Chabola), situada a 1.100 metros y último núcleo de la parroquia de San Julián de Arbás. Este núcleo tiene su origen como venta y lugar de descanso, al ser el punto de encuentro de los accesos del valle de Naviego y del de Cibea. En el campo enfrente de la venta se celebraba hasta hace apenas 30 años la feria anual de ganados de Vallao.

Desde La Chabola iniciamos el descenso final, adentrándonos en la parroquia de Santiago de Cibea, la cual quedará incluida en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea y del Ibias.

El monasterio de Santiago de Cibea ya aparece nombrado en el año 912 en el falso testamento de Fruela II.

Durante la fiesta de Santiago cada año tres pueblos de la parroquia donan un ramu de rosquias ya manteigas para su puya con el fin de racaudar fondos para la fiesta.

Desde La Chabola tomamos un camino por la derecha el cual va dano vista al pueblo de Vallado; este camino baja a la braña de Linde la Oveja y, dando un giro hacia la izquierda sale a la carretera de Vallado a Cibea a la altura de Sonande, situado en el valle del río Serrantina a una altitud de 700 metros. Presenta un caserío de buenas dimensiones y con buenos ejemplos de arquitectura popular reformada y ampliada para atender las exigencias de la creciente explotación ganadera.

Cuenta con un pequeña capilla rehabilitada en 1989 dedicada a Santa Bárbara y que acoge un pequeño retablo barroco.

Y por fin llegamos a nuestra meta, al pueblo de Sorrodiles de Cibea (Sorrodiles), situado en la confluencia de los ríos Cibea y la Serrantina, a unos 700 metros de altitud.

Un puente de piedra sobre el Cibea comunica los dos barrios del pueblo, donde sobresalen varias edificaciones de grandes dimensiones.

En la parte norte de su caserío, en un lugar prominente sobre el cauce de los dos río, se emplaza el palacio de Miramontes o la Torre, construido a principios del siglo XVI por Álvaro Alonso sobre los restos de un poblado castreño.o:p>

Y tras visitar este pueblo y su palacio, nos dirigiremos al bar a unirnos con el resto de compañeros que han preferido saciar la sed, y comer, que ya va siendo hora.

Manuel Antonio Huerta Nuño

EL COTO DE LLENDELAFAYA

Enero/2001

En nuestra primera ruta del año 2001 nos vamos a acercar a tierras proacinas, en concreto a la zona de la Forcada. Por la Collada de Aciera, divisoria de los concejos de Quirós y Proaza, discurre el antiguo camino que unía ambos concejos, del que los vecinos más viejos del lugar dicen que era como la calle Uría por el gran tránsito de personas que iban de un concejo a otro, sobre todo los lunes, día de mercado en Proaza.

Casi en lo alto de la collada, en la vertiente que mira a Proaza y perteneciente a este concejo, justo al lado del camino, están las cabañas de Llendelafaya, lugar donde antiguamente estaba el coto y la malatería del mismo nombre.

Pero antes de hablar más en concreto de Llendelafaya vamos a apuntar cuatro cosas acerca de las malaterías o leproserías. Por lo general, y como ocurre aquí, suelen estar situadas en el límite entre dos concejos por estar en accidentes geográficos como collados o vados, lugares especialmente apropiados para la instalación de leproserías por ser al mismo tiempo paso obligado de los caminos.

Estas malaterías pueden nacer por obra de la Orden de San Lázaro, de algún lazarista o de algún magnate que desee agradar a Dios haciendo caridad con los leprosos. Los reyes autorizaban la fundación y contribuían a ellas con privilegios y donaciones de tierras. También podía ser un mecanismo instantáneo el que diera origen a estas leproserías por transformación o especialización de hospitales y alberguerías corrientes. Incluso era probable que particulares instalasen leproserías como negocios rentables, a fin de participar en las donaciones que las gentes caritativas solían hacer en beneficio de los leprosos.

El ingreso de los enfermos, al menos desde el siglo XVI, solía hacerse mediante certificación médica. El que pretendía ingresar tenía que satisfacer una cuota de entrada (bien dinero, tierras, ganado, etc.).

Durante los siglos en los que existieron las malaterías, el aislamiento fue la única medida eficaz en la lucha contra la lepra. Pero, en contra de lo que se cree, este aislamiento fue muy relativo, pues los enfermos mendigaban por las aldeas, comían y bebían con los sanos y a veces dormían fuera del hospital.

Todas estas características se ajustan perfectamente a la malatería de Llendelafaya, situada en el concejo de Proaza. La población de este coto, según censos de 1594 y 1745, no pasaba de los seis malatos residentes en el Hospital de San Lázaro. Aunque las primeras noticias que tenemos del hospital datan del siglo XVI, es muy probable que existiera ya 200 años antes.

El coto tenía 143 días de buey de extensión y dos vecinos, en el lugar de Villamejín. Medía este coto de oriente a poniente, un medio cuarto de legua (690 m. aprox.) y <<la mitad menos>> de norte a sur. Su perímetro se recorría en dos horas y tendría unos tres cuartos de legua (4 Km. aprox.) de circunferencia. Las tierras de labor, de mediana e ínfima calidad, tenían 19 días de buey y los prados 34. Había en el coto <<pastos infructuosos en términos comunes>> que ocupaban 40 días de buey. El resto del coto -50 días de buey- era de matorrales, riscos y peñas.

En el coto de Llendalafaya se pagaban diezmos de escanda, de maíz y de judías. No se pagaba diezmo de hierba. Las primicias consistían en el pago de 8 cuartillos de escanda por cada vecino. El párroco era el único perceptor de diezmos y primicias.

El mayor hacendado del coto era el Hospital de San Lázaro de Llendalafaya. En las operaciones por el establecimiento de la única contribución, correspondientes a la parroquia de San Lázaro, se estimó en 710 reales y 12 maravedíes el valor del producto de las heredades del hospital, en 68 reales y medio la renta de casas, en 11 reales la de hórreos, en 66 la utilidad que reportaba la taberna del coto, en 44 el importe del derecho de diezmos y en tres reales y cuatro maravedíes el derecho de primacía.

Leprosería y coto de Llendelafaya eran del patronato del deán de la catedral de Oviedo, sin que percibiera, de los vecinos, derecho alguno. Tenía el deán la regalía de nombrar alcalde mayor, quien conocía de las causas que <<fulminaban los de los jueces del coto>>. Anualmente se elegían a estos dos jueces, uno por parte de los vecinos de Agüera y Tene (Quirós) y otro por los de Villamejín (Proaza). A modo de dato curioso decir que el 26 de julio de 1626 el visitador, designado por el deán, dispuso se comprase un libro y un arca para guardarlos con dos llaves, una para cada uno de los jueces.

Por otro lado, de la vieja capilla dedicada a San Lázaro sólo queda su ábside al borde mismo del camino. Llendelafaya es un bello lugar con diez o doce caseríos abandonados. Uno de ellos, unido a la ermita, debió de ser el principalmente habitado por los enfermos; hoy es sólo una cuadra cubierta en su extremo oriental, por la bóveda de la capilla. Los otros edificios, pajares y cuadras, están probablemente igual que las vieron los últimos malatos.

El fin de estas malaterías tiene una fecha conocida. En 1751 el regente Gil de Jaz propone a Fernando VI la creación de un Hospicio en Oviedo, que acabó absorbiendo las rentas y bienes de todas las malaterías de Asturias, que fueron incautadas por la Audiencia en virtud de Real Cédula de 14 de septiembre de 1769.

Como último dato decir que el 4 de junio de 1792 pasó por Llendelafaya el ilustre Jovellanos que, en su Diario, escribe: <<Coto de Llendelafaya, antigua malatería, hoy perteneciente al Hospicio, con dos vecinos, ambos jueces, nombrados por Proaza y Quirós, y un cura que vive en Proaza y no ejerce. En los alto, divisoria del concejo de Quirós>>.

En fin, aquí queda constancia de este bello lugar sin duda conocido por casi todos nosotros, no así su historia, tan merecedora de elogios como su paisaje.

Y para las féminas, ahí va este refrán de la zona:

La que vaya por Aciera sin que sea criticada, tamién pasa pol infiernu sin que sea chamuscada.

Manuel Antonio Huerta Nuño