El día no ofrece muchas posibilidades en la vertiente asturiana, más bien todo lo contrario. Nieblas y fino orbayu (encainada como dice n los cainejos, o tien borrin la Penubina, para los de Tuiza), con lo cual mi gran plan tiene pocos visos de llegar a buen termino.Múltiples observaciones, consultas de mapas y fotografías, búsqueda de textos, consultas a otros montañeros. El día que un grupo de miembros de Las Xanas atacamos la vía con el fin de hacer más factible la colectiva, la gran decepción. Pero algo se consiguió, los más atrevidos lograron pasar después de equivocarnos de canal. Mis consultas con ellos no me dan esperanza: "es algo fuerte para una colectiva".
Pero si un grupo es grande, grandes deben ser sus gestas y eso es lo que me propongo emprender. Comento con mis compañeros de avanzadilla para que den el visto bueno a la empresa y con ello comunicamos al grupo que vemos viable la colectiva.
Una vez instalados en el autocar que nos acercará al escenario de operaciones, la climatología no nos da tregua. El paso por el Puerto Ventana es regado por un fino orbayo que nos va minando todos los planes hechos con antelación. Mi mente, así como mis Osados, ya se ven envueltos en una colectiva degradada, eso sí, acompañada de un buen ambiente "vuelve el hombre", que nos puede deparar la ruta desde la Casa Mieres en travesía hasta Tuiza.
Cual sería mi sorpresa cuando arribamos a Torrebarrio y veo que los que toman a menudo las
decisiones en el grupo, deciden atacar, sin más. Ya no llueve y hay visos de claridad por encima de las nubes, pero la lluvia podría resultar nefasta para nuestras operaciones y fines. Todos mis planes de acción me asaltan como por arte de magia, encadenados unos a otros hasta dar lugar a la conquista del reto.La artillería pesada (léase gente con dificultades por el vértigo), decide irse en travesía hasta Tuiza por Pinos, con lo cual se nos quita de encima una preocupación.
Atacamos la ascensión por el camino del Ronzón hasta Llandanay, donde giramos al noroeste, a seguir por La Cueña. Cual sería mi sorpresa, al encontrarme con un nuevo atentado a mi querido macizo, una pista de nueva construcción que llega hasta Los Llanos del Fontan. (Pregunto, ¿el S.E.P.R.O.N.A. merece el sueldo?. Como dice la canción, la respuesta está en el viento.)
Alcanzada la peña de Los Fontanales, la niebla no nos abandona y al grupo de trotones que va delante, lo perdemos de vista, pero esto no es tan malo, nos limpian el camino de piedras que es lo interesante.
Ya en Los Llanos del Fontan, un oasis entre roquedos, voy adivinando entre los ligeros claros que nos ofrece la borrina, las verticalidades de Peña Ubiña, del Prau Capón y del Horno. Un maravilloso rellano tapizado de esmeralda, en el que se encuentra la cuantiosa riqueza del manar del más frió manantial de Ubiña. Enigmático lugar que pasa desapercibido para la mayor parte del grupo. Solo con seguir a los más rápidos ya tienen bastante.
Del idílico lugar avanzamos, campo a través, por los empinados derrubios de aquellos paredones, buscando la base de la Peña de Puerta de Arco, a través de un pedrero que nos llevará a la entrada de la vía, lo más problemático de la subida, ya que hasta ahora solo nos habíamos enfrentado con lo pindio de la pendiente.Una vez limpio de piedras el camino, gracias a la avanzadilla que va por delante, vamos penosamente ascendiendo por un gravero, que es la salida o desagüe de la canal de ataque. Una sola mirada a mis escuderos u hombres de la Peña, vasta para que ellos actúen. Mis grandes amigos los Madrera, pasan a cola para intentar ayudar a los más torpes, rectifico, a los más prudentes.
En un pequeño corredor encontramos al fin a los avanzados, justo en el inicio de la vía. Con un solo grito, me dirijo a Manolo: "No hay que apoyar las manos en ningún sitio; arriba y al Segundo Castillín". Y Manolo para adelante.
Parte la avanzadilla y en apurada trepada por los escarpes, no sabemos más de ellos hasta la salida de los Joyos de la Cabra, en la vertiente asturiana. ¡Que putas las pasó alguno!

Por detrás, vamos avanzando poco a poco, pero seguros. Lito nos podría contar lo mal que lo pasó en el entronque de la canal. Pero una estrategia ya pensada nos dio el resultado apetecido. Por delante Lito, Rosi, Carmen e Isabel; en el medio, un poco más retrasados, lo justo para evitar las piedras, Peña, Menchu y yo, para por detrás cerrando la marcha, los hombres de la Peña son la escolta de María.
Dirijo mi mirada hacia atrás y veo al fondo Torrebarrio, nada más, pues el resto lo tapa la niebla, pero también una sonrisa de oreja a oreja en el rostro de Justo, lo está pasando en grande.
Por un momento la histeria parece hacer mella en el grupo delantero, pero solo es un momento, la trepada y el compromiso de la vía no dejan lugar a otra cosa.
Al fin llegamos al agujero en la roca que es la gran referencia de la salida y la conclusión de la canal. Solo nos resta avanzar por el pedrero, hasta llegar al enfoque de los Joyos de la Cabra, donde nos espera el grupo avanzado. Aquí una vez más, la niebla nos ayuda y el fino viento, rugiente, que sale por la canal de Los Joyos de la Cabra, nos exporta el olor de algunas manchas existentes, presumiblemente en los calzoncillos y las bragas de algunos miembros del grupo. Otros lo hemos pasado de cine.
Me reprochan no haber dicho la verdad de cómo era la subida pero, "si digo la verdad no sube nadie". Cosas de la montaña.
Después de un breve descanso, optamos, no todos, hacer cumbre en el Segundo Castillín. Pena de día. La niebla no nos da tregua, pero por otro lado nos ayudó tapándonos a la vista el vacío de la subida y a la vez da un aspecto fantasmagórico a las frías agujas de caliza que circundan la zona.
La bajada a Tuiza no presento inconvenientes dignos de contar. Algunos optaron antes por realizar alguna otra cumbre para completar el día. En su cuenta quedaron el Primer Castillín y también el Pico La Puerta de Arco. Para la mayoría, la alegría de haber realizado una de las mayores gestas montañeras del nuestro querido Grupo de Montaña Las Xanas y haber sentido durante algunos momentos las sensaciones de aquellos hombres de la Peña, como Eladio, pastor de la Cueva del Planon, un anacoreta de la montaña; Ramón de Tuiza, Honorato de Torrebarrio y tantos otros esparcidos por los pueblos de los alrededores. Todos ellos, su último aliento lo entregaron a la montaña y ella recogió su espíritu para siempre.
Jorge Pablo
















