Llames de Parres se encuentra situado en el punto kilométrico 2,5 de la
carretera PR-3 que tomamos a las afueras de Soto de Dueñas, en la carretera de Oviedo a Arriondas. Se trata de un diseminado caserío rodeado de verdes prados y vigilado estrechamente por la Sierra de La Frecha.
En una recoleta plaza, presidida por una buena casa, nos deja el autocar (140 m). Continuamos un tramo por la carretera teniendo la sierra frente a nosotros, hasta que encontramos una buena pista que sale a la derecha. Desechamos otra que vuelve a salir a la derecha y en la que podemos ver una señal en forma de aspa del GR-105 de la Ruta a Covadonga.
Después de pasar una bonita cabaña de piedra, situada a nuestra izquierda, en la misma dirección sale un camino bastante cubierto de maleza. Una nueva indicación en forma de aspa en la continuación de la pista,
nos hace comprender que debemos seguir por el camino de la izquierda. Atravesamos una portilla y nos encontramos una nueva bifurcación. El camino que sigue de frente tiene otra aspa que nos indica que el nuestro sigue por la izquierda y que comienza a subir ligeramente. El camino va describiendo múltiples curvas siempre con tendencia a la izquierda, dejando los caminos que salen por la derecha, todos marcados con aspas.
Poco a poco vamos ascendiendo por un camino bastante cubierto de maleza pero cuya traza es fácil de seguir. Una tendencia al descenso en una pequeña collada donde el sendero no es tan claro, nos hace dudar y emprendemos la ascensión campo a través por la inclinada loma. Pero pronto volvemos a encontrarnos con el marcado sendero que procede de una collada un poco más allá de donde habíamos abandonado el camino.
Ya no hay curvas. El sendero dibuja ahora un rectilíneo y empinado
trazado. Es lo único que vemos. La niebla nos fue rodeando casi sin que nos diésemos cuenta y la mancha oscura de nuestra senda es lo que siguen nuestros ojos.
La subida es prolongada y la falta de visibilidad a los lados donde imaginamos profundos valles, la hace cansina y eterna. Toda ella está señalizada con franjas rojas y blancas. Continuamos y lo haremos hasta Fresnidiello, por el GR-105.
Tras pasar una estrecha cresta cubierta de brezo por la que serpentea el camino, alcanzamos la cumbre del que suponemos el Pico Bodes (695 m), pues casi no tenemos referencias, pero en un pequeño descuido de la niebla, pudimos ver la silueta de un pico algo mas elevado que el que estamos. Hacemos un alto para agruparnos, pues la subida nos fue distanciando. Una vez todos junto, tras cubrir la tarjeta y hacer la foto, continuamos por el sendero hasta alcanzar, casi sin darnos cuenta la segunda cumbre del día, coronada por in indicador del coto de caza. Era el Pico Masalto (701 m). O así lo pensábamos. La duda nos la puso la tarjeta que encontramos allí y que lo marcaba como el Bodes.
No había otra cosa que hacer: cubrir la tarjeta, hacer la foto y continuar el sendero. Ver no veíamos nada. La continuación ya era en descenso y al poco comenzamos a ver por donde andábamos. La niebla fue quedando atrás y las vistas comenzaban a abrirse. A ambos lados los verdes valles se desperezaban apartando los últimos jirones de niebla. Al frente, las nevadas montañas comenzaban a dejar ver sus cumbres. Abajo ya veíamos el caserío de Fresnidiello y la carretera. El descenso fue corto y rápido. El pueblo parecía abandonado aunque el humo de las chimeneas decía lo contrario.
Continuamos un trecho por la carretera hasta una bifurcación señalizada en la que tomamos la dirección de Pandavenes que lo marcaba a 0,8 kilómetros. Ya con sol recorrimos el pequeño trecho y atravesamos el pueblo en busca de la carretera AS-339 que va de Sevares a Beleño y en la que nos esperaba el autocar. Poco más hubimos de caminar. En el Barrio de la Iglesia (450 m), a las afueras de Pandavenes, nos encontramos con nuestro conductor que solícito buscaba la posibilidad de recogernos en el mismo pueblo.
Corta ruta para lo que estamos acostumbrados y rápido final. Solo 3 horas y 15 minutos trascurrieron desde que abandonamos Llames de Parres. Tranquilamente nos cambiamos y disfrutamos de las preciosas vistas que sobre el cordal del Vízcares nos deparó el balcón del atrio de la iglesia. El sol brillaba en el blanco manto de las montañas y esa visión y la agradable temperatura, cerraron una ruta de la que deberíamos haber disfrutado ampliamente, a poco que las condiciones climatológicas nos hubiesen acompañado.
JAFPA















