martes, julio 17, 2007

PEÑA TEN

5 de MAYO de 2007

Punto de partida: PUENTE DE LAS VEGAS (A 1 KILÓMETRO DE LA UÑA)
Punto de llegada: LA UÑA (LEÓN)
Mapa de la Ruta: TOPOGRÁFICO NACIONAL 80-III BURON Y 80-I OSEJA DE SAJAMBRE
Distancia total: 15 Km
Desnivel: De Subida 945 m. De Bajada 965 m.
Tiempo estimado: 6,30 HORAS
Dificultad: ALTA
Orientación: MEDIA


DESCRIPCIÓN: Para llegar a La Uña desde Oviedo, debemos coger la A-66 dirección Santander, y en el enlace de San Miguel de la Barreda pasaremos a la AS-17, que irá pasando por Riaño, Langreo, el Entrego, Sotrondio, Pola de Laviana y se meterá por el valle del Nalón hacia Rioseco y Campu Caso, con punto final en el Puerto de Tarna. Aquí pasa a la vecina provincia de León con la denominación de C-635 y se dirige a Riaño. Después de recorrer 7 kilómetros llegaremos a La Uña. Como un kilómetro antes podemos dejar el coche, cerca de un puente que cruza el Río Esla y ya nos encontramos en el Camino de Ventaniella. Desde La Uña deberemos seguir por la carretera por la que veníamos hasta encontrar el puente.

La primera parte de la ruta discurre por esta pista, entre prados y con el arroyo a nuestra izquierda. Pasaremos bajo las paredes de la Peña el Castiellu y al poco cruzaremos una portilla metálica, que deberemos dejar cerrada. Enseguida tendremos ante nosotros el Pico Pileñes, inseparable de Peña Ten.

Tras algunos pasos más, la inconfundible figura de Ten aparecerá a nuestra derecha. Cruzaremos el Arroyo de las Corvas y a continuación giraremos a nuestra derecha (NE), por la margen derecha del arrollo siguiendo un incipiente sendero que se adentra en el piornal. Enseguida salimos a las camperas y pasaremos junto a dos buenas cabañas. Desde la segunda iniciaremos una subida hacia un hombro que se forma al oeste a los pies de la peña. Luego iremos subiendo en diagonal con dirección noreste, siguiendo los pliegues de la roca y en busca de una hondonada que podemos ver a la mitad de Peña Ten. Por aquí no hay un camino muy definido pero no está malo de subir si buscamos los mejores pasos. En algún momento atravesaremos zonas de piedras sueltas pero no tienen problema. La maleza que se forma nos sirve también de apoyo.

Alcanzada la hondonada que mencionábamos, por la parte de arriba vemos un sendero que procede del este, de donde venimos. Para acceder a él, desde donde iniciamos la subida a la peña, deberemos seguir con dirección norte a traspasar la zona de roca que tenemos por encima de nuestras cabezas. Hay que realizar alguna sencilla trepada y accederemos a una vallina de hierva por la que vemos el sendero a seguir. Hay que tener en cuenta que este camino está un poco expuesto al inicio de la trepada.

Desde la hondonada seguiremos el sendero que va subiendo con dirección NE y que nos situará en el collado las Corbas, donde vemos la abrupta cara este de Peña Ten, con sus laderas de piedras sueltas. Frente a nosotros, norte, la recortada cresta de la peña, por donde debemos seguir. La ascensión, aunque dura, se hace entretenida y se suaviza gracias a los zigzags del sendero. Vamos recorriendo toda la cresta dejando a nuestra derecha las profundas caidas hacia los Puertos de la Fonfria, por donde daremos la vuelta. Después de unas tres horas de haber iniciado la caminata, hoyaremos la cumbre de Peña Ten donde hay un vértice geodésico y un buzón montañero.

Magnífica atalaya que nos ofrece unas estupendas vistas de Picos de Europa, con Peña Santa en primer término; toda la montaña de Ponga y de Reres hasta el Sueve, y al sur, el Macizo del Mampodre. Un estupendo mirador donde extasiarse contemplando lo que nos rodea, mientras reponemos fuerzas para continuar la marcha.

Teníamos previsto seguir toda la cresta de la mole para descender a los Puertos de la Fonfria, pero como no andábamos muy bien de tiempo, decidimos descender por la pedriza de la cara este. Para ello caminamos un poco en dirección norte por la cresta, hasta encontrar un paso que aunque inclinado, nos permitía caminar por él, buscando la zona de piedras sueltas, por las que nos deslizamos en vertiginoso descenso. Cuando se acaban las piedras pequeñas por las que es una gozada deslizarse, aparecen otras de un tamaño mucho mayor y por ellas el tránsito es algo más penoso, pero no tienen ningún problema. Alcanzadas las praderas, continuamos descendiendo con dirección este, en busca de la pista que une La Uña con Arcenorio y que veíamos desde la cumbre. Los campos están preciosos esta primavera, gracias a lo mucho que llovió y a las nevadas algo tardías que tuvimos. Es una delicia caminar por ellos.

Alcanzamos el Camino de Arcenorio poco más debajo de una pequeña caseta y antes de llegar a una cuadra moderna de buenas proporciones. El camino no tiene perdida y aunque con algunos rodeos, nos va aproximando a nuestro destino. Junto a una señal indicativa lo abandonamos y cruzando por los Campos de María, volvemos a él mucho más abajo y ya muy cerca de La Uña a donde llegamos después de seis horas de haber empezado a caminar.

lunes, mayo 14, 2007

PEÑA SALON Y EL SEDO DE VIBOLINES

SENDA DEL CARTERO – CAMÍN DEL LLACIU – SEDO VIBOLINES – CAMINO VERGANZA

5 de MAYO de 2007

Punto de partida: PUENTE VIDOSA (CARRETERA DE LOS BEYOS. (PONGA)
Punto de llegada: PUENTE HUERA (CARRETERA DE LOS BEYOS. (PONGA)
Mapa de la Ruta: TOPOGRÁFICO NACIONAL 55-III BELEÑO
Distancia total: 12,9 Km
Desnivel: De Subida 1.035 m. De Bajada 855 m.
Tiempo estimado: 6,20 HORAS
Dificultad: ALTA
Orientación: MEDIA

DESCRIPCIÓN: Para Llegar a Puente Vidosa desde Oviedo, hay que coger la A-66 hasta el Enlace de Paredes donde pasaremos a la A-8 con dirección a Santander. En el Enlace de Lieres la abandonamos para continuar por la N-634 hasta pasar Arriondas en cuyas inmediaciones se encuentra una rotonda que reparte el tráfico hacia Ribadesella y Cangas de Onís. Nosotros continuaremos hacia esta última por la N-625 y tras pasar el denominado Puente Romano, de la que fuera capital del Reino de Asturias, girar a la derecha siguiendo la misma carretera con destino el Puerto del Pontón. Tras un recorrido de 20 kilómetros por el Desfiladero de los Beyos, llegaremos a Puente Vidosa, reconocible por el restaurante que hay junto a una espectacular cascada. Un kilómetro más allá, en el segundo espacio con aparcamiento que vemos a la izquierda, dejaremos el coche para caminar unos metros hasta un sendero de piedras sueltas que sale por el margen derecho de la carretera según nuestra marcha. Para el regreso deberemos contar con algún vehículo que nos traiga nuevamente hasta este lugar, que dista 1,5 kilómetros de Puente Verganza y algo más de 2 kilómetros de Puente Huera.

Aquí comienza la mal llamada Senda del Cartero, ya que no solo el cartero utilizaba este camino, sino que también lo hacían los vecinos de Biamón para acceder a sus viviendas. El camino toma el nombre de la canal por la que se inicia la dura subida, Canal de Degüera y va trepando por la piedra ganando altura rápidamente dejando la carretera muy abajo en poco tiempo.

El camino discurre por la canal hasta que se separa de ella cruzando algunos pedreros y recorriendo la ladera paralelo a la carretera que se adivina en el fondo del valle. Frente a nosotros, vemos la inhiesta figura del Frailón que parece alargarse en un vano intento de tocar la orilla contraria. El camino, bien marcado, asciende formando grandes revueltas por la empinada pared. Yendo en grupo como lo hacemos nosotros, vemos sobre nuestras cabezas a los que nos preceden y bajo nuestros pies a los que van más lentos. Hoy el día no nos acompaña y negros nubarrones nos cubre por momentos, dejando caer su húmeda carga.

Tras una hora de camino y al girar el camino sobre un pliegue del terreno, aparece ante nuestros ojos el fantasmal pueblo de Biamón, prácticamente abandonado. Desde la última vez que pasamos por él, percibimos el importante deterioro de su caserío, a pesar de ver ante una de las pocas casas que se mantienen en pie, materiales de construcción. Los pequeños y curiosos hórreos beyuscos se encuentran en lamentable estado y vemos con tristeza como la desidia de quienes deberían velar por estos vestigios de nuestra cultura los convierten en montones de piedras y maderas que pronto se convertirán en polvo. Son muchos los antiguos pueblos de este concejo que están desapareciendo por el abandono primero de sus moradores en busca de mejores medios y de los políticos que pregonan el Paraíso Natural para esta tierra, pero que nada hacen para que esa frase continúe siendo cierta. Antes bien, prefieren las inauguraciones de las grandes y carísimas moles de hormigón, sin duda necesarias, pero que a ellos les son más rentables para mantener su continuidad en el poder.

La lluvia que persiste, nos obliga a cambiar ligeramente nuestras previsiones y abandonamos la idea de continuar a la Collada Nochendi que es la que vemos por encima de nuestras cabezas y a la izquierda de un puntiagudo pico, Les Piqueres y a la que deberíamos ascender atravesando entre las casas de Biamón. En vez de eso, seguimos la pista que pasa por delante de las casas más bajas y que tiene su continuidad hacia la collada que vemos al sur y que está coronada por una ermita con espadaña. La pista sube suavemente y vamos dejando a la izquierda las más altas cabañas de Caviella, otro abandonado y casi desaparecido pueblo, hasta llegar al Collau la Iglesia del que parte la serpenteante carretera que une Casielles con Puente Huera a través de las foces del Candanu y los Andamios.

Del collado y frente a la puerta de la iglesia, parte un amplio camino que nos acerca al cementerio y continua subiendo pegado a los postes del tendido eléctrico. Es el denominado Camín del Llaciu. Por la derecha y casi paralelo a él, vemos otro camino que también sube aunque con tendencia más al norte. Se trata de la Pedrona por el que también podríamos ascender a Peña Salón.

Tras pasar un hombro dela montaña, damos vista a las camperas de Tuba, cuyas diseminadas cabaña vemos más abajo. El camino, bien marcado, va dando vueltas por la amplia ladera de la Peña Salón, con rumbo a la collada que esta forma con la contigua Peña Vibolines y que vemos por encima de nuestras cabezas un poco hacia el oeste. Alcanzada la Boya de Campiella desde donde damos vista en lo profundo del valle a las casas de Viboli de Arriba, seguimos el sendero que continua a la derecha subiendo las últimas y herbosas rampas de Salón, hasta coronar en la cruz de su máxima altitud. Un frío viento nos da la bienvenida.

La cumbre de Salón sin vistas, no tiene demasiados alicientes. Cuando el día es claro, es un magnífico mirador del Cornión y de toda la montaña que la circunda. El Precornión, Cabroneru, Beza, Valdepino, etc., quedan al alcance de la mano. Toda la montaña de Ponga se posiciona a nuestro alrededor. El cercano Carria, el Tiatordos, Peña Subes y tantos y tantos otros. Pero hoy nosotros nos tenemos que conformar con los abismales desniveles que nos rodean. Los más de 200 metros que nos separan del Collado Baxeñu son en caída libre. Cerca de la cumbre hay un espectacular agujero por el que podemos ver directamente los prados del fondo sin nada que nos estorbe. Es impresionante la caída directa que tiene esta peña.

Debemos continuar y para ello desandamos nuestros pasos hasta el collado de la Boya Campiella para seguir a la derecha por un camino armado que en suaves revueltas nos lleva al Collado Baxeñu. Desde aquí seguimos por el sendero que medio se pierde con dirección a Viboli (sur), y que entramos se encuentra bastante anegado de agua. El sendero serpentea junto a la riega hasta llegar al cementerio del pueblo Aquí es sustituido por una pista de hormigón bastante resbalosa, que llega hasta las primeras casas del pueblo. Podemos llegar a las casas que se encuentran justo por encima de la iglesia. De aquí, seguiremos entre dos casas a la izquierda (norte) a pasar por detrás de una cuadra y coger un camino bien marcado y que en tiempos de lluvia se convierte en reguero. El camino nos irá subiendo hacia la Peña Vibolines con dirección norte primero y este más tarde, cuando al dar una curva a la derecha abandonamos el regato que inunda el camino. Salen otros caminos de este pero debemos seguir el más marcado que es el principal. Al final todos llegan a l mismo sitio: una zona despejada de tierra y hierba, desde la que vemos como nuestro sendero se acerca a la peña y en ella descubrimos el inicio del sedo. Inicio marcado por una portilla de madera que debemos dejar cerrada.

Aquí comienza el Sedo de Vibolines o Camín de la Peña que le dicen los lugareños. El camín tien visu. Una estrecha franja de terreno horizontal que sobresale de la pared rocosa y vuela sobre el abismo. Eso es el sedo. Pero que nadie piense que es impracticable. Con precaución y fijándonos donde ponemos los pies, se camina perfectamente. En algunos puntos hay que utilizar las manos ya que los pasos o escalones pueden ser un poco altos, pero hay lugar para asirse sin ningún problema. Nosotros lo hicimos con el terreno húmedo. Ya no llovía, pero el agua caída horas antes mantenía la piedra y la tierra húmeda. Pero tampoco fue grande el problema: un poco más de atención a la hora de pisar. No es recomendable el terreno para quienes padezcan de vértigo, ya que la zona que no cubre la pared de la montaña, derecha, cae libremente a pico hasta el cauce del río Viboli, unos trescientos metros más abajo.

El camino es siempre en ascenso, pero entretenidos como estamos con todos los sentidos puestos en los pasos que damos, ni nos damos cuenta. Llegamos a una nueva zona de hierba y vemos tras un recodo a la izquierda, un trozo de nuestro camino armado y pegado a la pared. Debemos descender ligeramente para retomar el sendero que nuevamente se empina. Si nos fijamos antes de acometer esta segunda parte del sedo, e intentamos ver por donde continúa este, veremos unos metros más del camino que en zigzag se aproxima a un pliegue de la roca y después.... Después lo perdemos de vista y hasta nos parecerá que no tiene continuidad. Pero si la tiene. En el pliegue el camino hace un brusco giro a la izquierda y continúa subiendo. Ahora el terreno es blando y terroso. Se trata de los excrementos desmenuzados de las cabras que habitan estos lugares. Alguien dijo en algún momento que estábamos como cabras y quizá tenga razón.

El camino parece finalizar ante una nueva portilla que cierra la entrada a una cueva, normalmente refugio de las cabras, y que tenemos que atravesar. Pasada la portilla, sobre la lisa piedra que tenemos a nuestra izquierda, podemos leer una inscripción en ella grabada: “Siendo alcalde (...) en el año 1896 se construyó esta obra”; también aparecen las iniciales “JMFCO”, después “José María” y otras iniciales, “PR”. El camino continúa dentro de la cueva con un giro a la derecha para llevarnos nuevamente al exterior. Unos pocos metros más y el sedo finaliza en la Majada de Tuba. Entretanto las cabras nos observan extrañadas unos metros por encima de nuestras cabezas.

Alcanzamos la Majada de Tuba, que ya habíamos visto desde el Camín del Llaciu, justo al lado de una cabaña. Un sendero recorre toda la pradería y si nos fijamos, al noreste vemos un collado terroso al que llegan dos caminos muy marcados. Ese es nuestro collado y los caminos uno va por arriba, en el que nosotros estamos y el otro viene de más abajo. Debemos seguir ese sendero con tendencia al descenso pero sin que este sea muy pronunciado. El sendero se adentra en un bosquecillo pero poco tiempo. Enseguida salimos a una zona despejada en la que es más ostensible. Solo nos resta seguirlo y alcanzaremos el mencionado collado desde el que ya vemos el Collado la Iglesia y las casas de Casielles más abajo.

Volvemos al Collau la Iglesia y aquí tenemos dos opciones: bajar por la serpenteante carretera hasta la Foz del Candanu y de aquí, también por carretera hasta Puente Huera o bajar por el Camin de la Verganza. Nosotros escogimos esta última opción por ser más interesante. Para ello seguimos por la pista que ya utilizamos a la ida, con rumbo a Biamón y enseguida vemos como un ramal sale por la derecha. Lo tomamos y este nos lleva a las abandonadas y derruidas casas de Caviella. El camino continúa en descenso entre las casas y nosotros lo vamos siguiendo. En algún momento parece perderse, pero si nos fijamos bien, el camino está armado y es fácil de distinguir. En la última casa, en una zona de pradera, el camino bien armado hace un giro brusco a la derecha y continúa con un fuerte descenso. Luego se difumina un poco pero lo podemos seguir con dirección a la riega que debemos atravesar. Al otro lado de la riega volvemos a retomar el amplio camino al que se une otro ramal por la derecha que también viene de las casas de Caviella. Ya no hay pérdida. Solo es seguir el camino armado un poco abandonado por la falta de uso, pero muy fácil de seguir en sus múltiples revueltas descendiendo por la pindia ladera. Al sur, y varios metros más abajo, podemos ver la carretera de los Beyos y el edificio del bar de Puente Huera.

Cerca del final nos introducimos en una zona arbolada que no nos deja ver la ya cercana carretera. El ahora sendero de tierra nos lleva con dirección norte y enseguida hace un quiebro a la derecha y alcanzamos la carretera de los Beyos. Si tenemos que volver a Puente Vidosa, seguiremos por ella a la izquierda y en kilómetro y medio alcanzaremos el punto del que salimos. Si por el contrario, el vehículo nos espera en Puente Huera, seguiremos a la derecha con dirección al Puerto del Pontón y tras pasar el Puente Verganza que nos transporta a la orilla derecha del Sella, unos cientos de metros más allá, alcanzaremos un nuevo puente, Puente Huera, final del recorrido de hoy por las preciosas tierras de Ponga.

JAFPA

martes, febrero 20, 2007

LA PEÑA UBIÑA

9 de SETIEMBRE de 2006

Punto de partida: TORREBARRIO (LEON)
Punto de llegada: TORREBARRIO (LEON)
Mapa de la Ruta: MACIZO DE PEÑA UBIÑA. CORDILLERA CANTÁBRICA. MAPA EXCURSIONISTA 1:25000 de MIGUEL ANGEL ADRADOS
Distancia total: Aproximadamente 13 Km
Desnivel: De Subida 1.187 m. De Bajada 1.187 m.
Tiempo estimado: 5 HORAS
Dificultad: ALTA
Orientación: FACIL

DESCRIPCIÓN:

A Torrebarrio llegamos por la carretera N-630 desde Oviedo y con dirección Trubia y aquí seguiremos por la AS-228 dirección Teverga. En San Martín continuamos por la AS-228 dirección Puerto de Ventana donde, al pasar a la vecina provincia de León, la carretera pasa a denominarse LE-481. Tras recorrer unos 9 kilómetros después de rebasar el puerto, alcanzaremos las primeras casas del pueblo leonés de Torrebarrio, punto de partida de la excursión de hoy.

Torrebarrio es un pueblo ganadero que está dividido en tres zonas. El Barrio de la Cubilla queda fuera de la carretera en una desviación poco antes de encontrarnos con las primeras casas del Barrio de Abajo, que es el que se encuentra atravesado por la carretera. De este barrio debemos pasar al de La Vega y girar antes de la iglesia a la izquierda, tomando la pista de reciente construcción, que va remontando con rumbo a Los Llanos del Fontán. Seguiremos la pista en sus vueltas y revueltas bordeando la Peña del Águila dando vista al Barrio de la Cubilla, hasta alcanzar una pequeña llanura denominada Llanaday, donde debemos abandonarla. La ruta tiene en algunos sitios marcas de un PR, pero no debemos fiarnos en demasía ya que se pierden con facilidad.

En Llanaday, mirando un poco al este, cerca de una zona por la que suele descender un regato, veremos los restos de lo que fue una mesa de interpretación de la fauna de esta zona. El día que nosotros pasamos se encontraba muy deteriorada y en vías de desaparición. Un desdibujado sendero nos irá aupando con algunas marcas pintadas en las piedras y con clara dirección este, buscando el collado del Ronzón, que se forma entre las dos Ubiñas.

Vamos cruzando pequeñas riegas y algunas zonas de pradera casi cubiertas de las piedras que se desprenden de la muralla caliza de Ubiña que tenemos a nuestra izquierda, surcada por vertiginosas canales que se descuelgan hacia nuestros pasos. El camino es entretenido a pesar de la dureza de la ascensión y nos permite ir observando la meseta castellana que se va abriendo paso entre montañas.

Alcanzamos el borde de una pedrera que debemos cruzar siguiendo el sendero, para a continuación, comenzar la zona más dura de esta primera parte de la ascensión. Subiremos ya con decisión hacia la collada y por la izquierda de un roquedo que se desgaja de la cercana Peña Ubiña la Pequeña, que nos queda a nuestra derecha. La subida la realizamos por empinadas praderas y es un verdadero descanso cuando alcanzamos el Collado del Ronzón.

Tras reponer fuerzas, debemos ponernos las pilas, pues esto no acaba aquí. Atravesada la alambrada que separa las dos zonas de pastos, tenemos tres opciones para realizar la ascensión a la Ubiña. Justo desde el collado y pegada al cierre de alambres de la divisoria de pastos, sube un sendero bien marcado y vertical, que normalmente se utiliza para el descenso. Este sendero comunica más arriba ya en terreno de la caliza, con el que nosotros hicimos y que comento a continuación. Otra opción pasa por faldear con dirección norte hacia el Collado de Terreros, hasta alinearnos con una canal terrosa que baja de la cumbre de Ubiña. Esa canal es la subida directa a la cumbre, pero es más utilizada cuando se realiza la ascensión desde Tuiza por el Meicín.

Nosotros cogimos la marcada senda que faldea también con dirección norte y con un ligero ascenso. Pronto se entrecruzan varios caminos y comienza a perderse la senda. Entonces debemos girar a la izquierda para continuar ascendiendo en busca de la zona de piedras que vemos arriba izquierda y acercándonos al camino que describimos primeramente, pero ya a una cierta altitud. El sendero se pierde por momento y se entrecruza con otros, lo que puede hacer que nos equivoquemos. Pero para evitarlo debemos fijar nuestro rumbo a un pequeño murete que vemos al inicio de la caliza y que será el punto en el que comenzaremos a ver algunas marcas en la piedra. Cuando alcancemos la roca será más fácil seguir la huella dejada por la gran cantidad de personas que surcan este camino al cabo del año. Pero esta montaña tiene mucha tierra y piedra suelta que hace que los pasos varíen de un año para otro a causa de las fuertes nevadas y los aludes que en ella se producen durante el invierno.

De todos modos no es difícil seguir una huella y el sentido común nos irá marcando los pasos con la ayuda como digo, de las pequeñas marcas de pintura y los jitos que la jalonan. Sobre los jitos diré que en algún lugar veremos más de una señalización, por lo que es conveniente seguir aquella en la que la huella de los pasos anteriores sea más marcada. Por los otros pasos también es posible la ascensión, pero seguramente que nos forzará a realizar alguna trepada.

Iremos recorriendo la arista sureste de la peña y alcanzaremos una especie de balcón que se abre a la Babia, ofreciéndonos una magnífica vista de Torrebarrio y la zona por la que antes pasamos. Continuamos la ascensión cruzando pequeñas canales y recorriendo otras en vertical. En algún lugar deberemos utilizar las manos para ayudarnos en los pasos, pero normalmente no se encuentras zonas peligrosas ni se tiene sensación de vacío. Alcanzaremos una precumbre sobre la que siempre hay algún jito o un palo. Podemos realizar aquí un pequeño descanso y contemplar nuestra ascensión y el hermoso paisaje que se abre a nuestros ojos. Normalmente se pasa sin paradas, ya que desde este punto la ascensión se suaviza y la cercanía del final se presiente, lo que nos hace continuar ahora por la cresta, buscando los mejores pasos que una veces van por la derecha y otras por la izquierda en un sube y baja continuo que nos irá acercando a nuestro destino. Ya vemos el cilindro del vértice geodésico y ya la cumbre está a nuestro alcance. Coronamos una de las cumbres carismáticas de la Cordillera Cantábrica, La Penubina, La Becerra al decir de los de Cudillero según Jovellanos: «La Peña Ubiña, que se cree ser la más alta de España. Vese desde tierra de Segovia y desde muy dentro del mar. Los de Cudillero, que navegan por ella, la llaman la Becerra». Un incomparable mirador de Asturias y de las tierras castellanas. Sus 2.417 metros la hacen visible desde infinidad de puntos de nuestro territorio y nuestras miradas escudriñan para buscarla cuando nos encontramos lejos. Si el tiempo acompaña, cuesta trabajo abandonar este lugar. Las vistas por el sur se pierden más allá del embalse de Luna. Un poco escorado al oeste vemos toda la montaña somedana y cerca nuestro, desgajándose de la Ubiña, Los Fontanes, compañeros hasta en altura. Si seguimos girando a la izquierda, y ya mirando al norte, podremos ver el refugio del Meicin si nos acercamos un poco al borde. Veremos el amplio valle que baja por Tuiza hasta Campomanes. Al otro lado del Collado Terreros el Cerredo y entre el y nosotros, las amplias Vegas de Retuerto. Al este y cercana, la Ubiña Pequeña nos muestra su cumbre.

El descenso lo realizaremos por le mismo sitio por el que ascendimos pero sin tirarnos a la izquierda. Descenderemos todo el canalón en vertical hasta la alambrada del Collado del Ronzón. Debemos descender con precaución ya que los pasos suelen tener tierra y pequeñas piedras sueltas que pueden hacernos resbalar y la caída es peligrosa.

Teníamos intención de continuar hasta la Casa Mieres, en el Puerto de la Cubilla, para descender luego a Pinos, pero la proximidad de una tormenta nos hizo desistir y apresuradamente bajamos a Torrebarrio por el mismo camino por el que subimos. Cuando alcanzábamos las primeras casas del pueblo, la tormenta estaba sobre nosotros y las gruesas gotas nos pusieron como una sopa en poco tiempo.

JAFPA