Punto de partida: RIBADELAGO VIEJO (ZAMORA)
Punto de llegada: SAN MARTÍN DE CASTAÑEDA (ZAMORA)
Mapa de la Ruta: CARTOGRAFIA MILITAR DE ESPAÑA 10-12 PUEBLA DE SANABRIA
Distancia total: 19 Km.
Desnivel: De Subida 603 m. De Bajada 391 m.
Tiempo estimado: 7 HORAS
Dificultad: MEDIA.
Orientación: FACIL
DESCRIPCIÓN:
El mayor problema de esta ruta es la gran distancia que hay que recorrer para desplazarse desde Oviedo a Puebla de Sanabria en Zamora. Por lo demás, se trata de una ruta factible para aquellas personas acostumbradas a caminar por el monte. Hay que tener en cuenta que aunque los desniveles indicados son pequeños, la ruta es un continuo tobogán para salvar las distintas terrazas del cañón.
Desde Oviedo a Sanabria haremos el recorrido completo por autopistas y autovías, con lo que los tiempos se acortan considerablemente, pero en autocar debemos pensar en unas 3 horas y media como mínimo. Saldremos de Oviedo por la A-66 para enlazar con la Autopista del Huerna, AP-66, en Campomanes. Después del peaje de Rioseco de Tapia seguiremos por la A-66, Ruta de la Plata, rumbo a Benavente y a la altura de esta población el camino continúa por la A-52 denominada Autopista de las Rías Bajas. Seguiremos por ella durante 77 kilómetros hasta encontrar la salida 79 hacia Puebla de Sanabria / Lago de Sanabria. Seguiremos por la carretera nacional N-525, hasta el pueblo de El Puente, donde seguiremos los indicadores que marcan la dirección del Lago de Sanabria. Será por la carretera ZA-104 y después de unos 16 kilómetros y tras pasar el pueblo de Ribadelago Nuevo, alcanzaremos el final de nuestro viaje dentro del reconstruido pueblo de Ribadelago Viejo.
Ribadelago Viejo, donde iniciamos la ruta por el Cañón del Río Tera, fue casi co
mpletamente destruido en la noche del 8 al 9 de enero de 1959, por la avalancha de ocho millones de metros cúbicos de agua que se precipitaron por los 8 kilómetros del cañón, tras la rotura de la presa de Vega de Tera, perteneciente a la empresa Hidroeléctrica de Moncabril. Aquella fatídica noche, las aguas atronaron la comarca destruyendo mas del 60 % de las casas y arroyando a 145 de los 550 vecinos con los que contaba. De esos 145 arrastrados por las aguas, solamente se encontraron 28 cuerpos.
Nuestra ruta comienza al final del pueblo (1.008 m), en una explanada de tierra a la izquierda del camino que continúa hacia San Martín de Castañeda, donde terminaremos el periplo de hoy. Comenzaré por decir que la ruta está completa y en muchos casos profusamente señalizada. Hay marcas verdes, y rojas al principio, en las piedras que jalonan el recorrido; también encontraremos estacas pintadas de verde y una buena cantidad de jitos, montoncitos de piedras, que nos permitirán seguir la ruta sin prácticamente ningún atisbo de duda.
Comenzaremos a recorrer este importante espacio natural, erosionado por la fuerza descomunal de la glaciación, a orillas del remansado río que le da nombre, el Tera. Caminaremos entre árboles que jalonan la rivera y cruzaremos el río para pasar a su margen izquierdo por el que continuaremos hasta que las indicaciones y el camino, bien marcado en este lugar, nos hagan pasar de nuevo a la orilla derecha, en una zona caracterizada por la desolación. Se trata de una especie de explanada cubierta de piedras que fueron arrolladas por los glaciares y las torrenciales avenidas del Tera.
Seguimos subiendo y poco a poco nos vamos acercando a las grandes masas pétreas erosionadas por el glaciar y convertidas en “llambrias” graníticas en las que nuestras botas se agarran para continuar la ascensión. Aquí y acullá, distintas gramíneas y arbustos
jalonan nuestros pasos y jóvenes robles tamizan con sus hojas los tímidos rayos del sol. La época es buena. El campo esta verde y las flores emanan sus perfumes cuando las rozamos con nuestras botas, llenando el ambiente de suaves fragancias. El camino empieza a endurecerse y comienzan los primeros sube y baja. Estamos rodeados de piedra salpicada por las manchas verdes y amarillas de la genista y comenzamos a ver pequeños ibones, embalsamientos de agua, y las primeras torrenteras discurren cantarinas en los intersticios de las grandes piedras.
Alcanzamos la Laguna de las Ninfas (1.200 m) un pequeño lago cerrado por una gran muralla de piedra y rodeado en parte de vegetación. Una bonita cascada lo alimenta después de discurrir
por el granito. Aquí nosotros abandonamos el camino, lo dejamos a la izquierda, para ir subiendo por las plataformas pétreas salpicadas de canales y pequeñas cascadas de aguas cristalinas. No hay problemas para seguir por este mundo de piedra y pronto volvemos a encontrarnos con innumerables jitos que nos devuelven al sendero normal.
Vamos pasando de laguna en laguna, algunas rodeadas de un verdor que hace destacar aún más el azul del cielo reflejado en sus aguas. Las flores ponen el toque romántico a un paisaje abrupto y hermoso. Poco a poco el sendero se va adentrando en una zona más espesa de matorral y la inclinación del terreno disminuye. Nos estamos acercando a La Cueva de San Martín. Con el río remansado a nuestra izquierda, caminamos ahora entre árboles, hasta alcanzar una pradera con una bifurcación a la izquierda y un rústico puente de hormigón y maderas, que nos invita a pasar a la otra orilla del río. Cruzado este, nos adentramos en una explanada cubierta de pi
edras que dan paso al mayor delos lagos del cañón. Nos encontramos en la Cueva de San Martín (1.354 m). El lago está cerrado por su parte norte por la que fluye la cascada que baja de Vega de Tera. Otro puente con la misma estructura que el que acabamos de atravesar, cruza sobre el desagüe natural del lago.
Tras recrearnos con este bonito entorno, volvemos a cruzar el primer puente para situarnos de nuevo en el camino señalizado por una estaca pintada de verde. Atravesamos la pradera que se abre a nuestros pasos y en la que hay restos de algunas cabañas, para comenzar a subir entre robles, por la riega del Arroyo Covadosos, en dura pendiente, hasta alcanzar una nueva meseta herbosa con nuevas cabañas. Frente a nosotros y cruzando en diagonal la ladera que baja del Gencianal, distinguimos la línea del
camino carretero por el que continuaremos la ascensión. Cruzamos la pradera con ligera dirección izquierda y siempre siguiendo las pintadas verdes, hasta entroncar con el buen camino que en suave y tendido ascenso, nos aupará al pie del Gencianal. Podremos disfrutar de magníficas vistas de todo el camino recorrido, comprobando desde la altura el caótico surco del Cañón del Río Tera. También podremos ver en la lejanía del curso alto del río, los restos de la presa que una fatídica noche de invierno venció a causa de la gran cantidad de agua acumulada tras varios días de intensas lluvias. Podemos imaginarnos, contemplando este paisaje, el estruendo y la furia de esas aguas embalsadas fluyendo liberadas y arrastrando todo lo que encuentran a su paso.
Borremos esa triste imagen de nuestra mente, para disfrutar, en los últimos tramos de esta cómoda subida, del paisaje que hace poco atravesábamos. Llegados a la pa
rte más alta del recorrido (1.611 m), el paisaje cambia totalmente. La meseta se abre y amplios pastizales tornan la tortura piedra por la verde hierba. Aunque aún restos de la acción del glaciar nos contemplan como un monumento a su trabajo de siglos. Grandes bloques de redondeadas piedras forman un grupo escultórico digno de cualquier artista moderno. El camino ya en descenso, continúa ahora entre prados y bosques de robles. Alcanzamos una pequeña granja con algunos animales domésticos en una explanada, y, tras cruzar un arroyo, continuamos por la carretera que sube a la Laguna de los Peces y que en múltiples vueltas y revueltas en descenso, nos conduce a San Martín de Castañeda (1.200 m). Poco antes de entrar en el pueblo podremos disfrutar de una magnífica vista de toda la gran extensión del mayor lago glaciar de la península, el Lago de Sanabria.
En San Martín de Castañeda es obligado visitar el monasterio cisterciense, de origen medieval, data del siglo XII, que fue construido por iniciativa de Alfonso VII. Hoy, a demás de ser su iglesia, la parroquia titular de la localidad, en sus naves se aloja el Centro de Interpretación del Parque Natural del Lago de Sanabria.















