5 de MAYO de 2007
Punto de partida: PUENTE VIDOSA (CARRETERA DE LOS BEYOS. (PONGA)
Punto de llegada: PUENTE HUERA (CARRETERA DE LOS BEYOS. (PONGA)
Mapa de la Ruta: TOPOGRÁFICO NACIONAL 55-III BELEÑO
Distancia total: 12,9 Km
Desnivel: De Subida 1.035 m. De Bajada 855 m.
Tiempo estimado: 6,20 HORAS
Dificultad: ALTA
Orientación: MEDIA
DESCRIPCIÓN: Para Llegar a Puente Vidosa desde Oviedo, hay que coger la A-66 hasta el Enlace de Paredes donde pasaremos a
la A-8 con dirección a Santander. En el Enlace de Lieres la abandonamos para continuar por la N-634 hasta pasar Arriondas en cuyas inmediaciones se encuentra una rotonda que reparte el tráfico hacia Ribadesella y Cangas de Onís. Nosotros continuaremos hacia esta última por la N-625 y tras pasar el denominado Puente Romano, de la que fuera capital del Reino de Asturias, girar a la derecha siguiendo la misma carretera con destino el Puerto del Pontón. Tras un recorrido de 20 kilómetros por el Desfiladero de los Beyos, llegaremos a Puente Vidosa, reconocible por el restaurante que hay junto a una espectacular cascada. Un kilómetro más allá, en el segundo espacio con aparcamiento que vemos a la izquierda, dejaremos el coche para caminar unos metros hasta un sendero de piedras sueltas que sale por el margen derecho de la carretera según nuestra marcha. Para el regreso deberemos contar con algún vehículo que nos traiga nuevamente hasta este lugar, que dista 1,5 kilómetros de Puente Verganza y algo más de 2 kilómetros de Puente Huera.
Aquí comienza la mal llamada Senda del Cartero, ya que no solo el cartero u
tilizaba este camino, sino que también lo hacían los vecinos de Biamón para acceder a sus viviendas. El camino toma el nombre de la canal por la que se inicia la dura subida, Canal de Degüera y va trepando por la piedra ganando altura rápidamente dejando la carretera muy abajo en poco tiempo.
El camino discurre por la canal hasta que se separa de ella cruzando algunos pedreros y recorriendo la ladera paralelo a la carretera que se adivina en el fondo del valle. Frente a nosotros, vemos la inhiesta figura del Frailón que parece alargarse en un vano intento de tocar la orilla contraria. El camino, bien marcado, asciende formando grandes revueltas por la empinada pared. Yendo en grupo como lo hacemos nosotros, vemos
sobre nuestras cabezas a los que nos preceden y bajo nuestros pies a los que van más lentos. Hoy el día no nos acompaña y negros nubarrones nos cubre por momentos, dejando caer su húmeda carga.
Tras una hora de camino y al girar el camino sobre un pliegue del terreno, aparece ante nuestros ojos el fantasmal pueblo de Biamón, prácticamente abandonado. Desde la última vez que pasamos por él, percibimos el importante deterioro de su caserío, a pesar de ver ante una de las pocas casas que se mantienen en pie, materiales de construcción. Los pequeños y curiosos hórreos beyuscos se encuentran en lamentable estado y vemos con tristeza como la desidia de quienes deberían velar por estos vestigios de nuestra cultura los convierten en montones de piedras y maderas que pronto se convertirán en polvo. Son muchos los antiguos pueblos de este concejo que están desapareciendo por el abandono primero de sus moradores en busca de mejores medios y de los políticos que pregonan el Paraíso Natural para esta tierra, pero que nada hacen para que esa frase continúe siendo cierta. Antes bien, prefieren las inauguraciones de las grandes y carísimas moles de hormigón, sin duda necesarias, pero que a ellos les son más rentables para mantener su continuidad en el poder.
La lluvia que persiste, nos obliga a cambiar ligeramente nuestras
previsiones y abandonamos la idea de continuar a la Collada Nochendi que es la que vemos por encima de nuestras cabezas y a la izquierda de un puntiagudo pico, Les Piqueres y a la que deberíamos ascender atravesando entre las casas de Biamón. En vez de eso, seguimos la pista que pasa por delante de las casas más bajas y que tiene su continuidad hacia la collada que vemos al sur y que está coronada por una ermita con espadaña. La pista sube suavemente y vamos dejando a la izquierda las más altas cabañas de Caviella, otro abandonado y casi desaparecido pueblo, hasta llegar al Collau la Iglesia del que parte la serpenteante carretera que une Casielles con Puente Huera a través de las foces del Candanu y los Andamios.
Del collado y frente a la puerta de la iglesia, parte un amplio camino que nos acerca al cementerio y continua subiendo pegado a los postes del tendido
eléctrico. Es el denominado Camín del Llaciu. Por la derecha y casi paralelo a él, vemos otro camino que también sube aunque con tendencia más al norte. Se trata de la Pedrona por el que también podríamos ascender a Peña Salón.
Tras pasar un hombro dela montaña, damos vista a las camperas de Tuba, cuyas diseminadas cabaña vemos más abajo. El camino, bien marcado, va dando vueltas por la amplia ladera de la Peña Salón, con rumbo a la collada que esta forma con la contigua Peña Vibolines y que vemos por encima de nuestras cabezas un poco hacia el oeste. Alcanzada la Boya de Campiella desde donde damos vista en lo profundo del valle a las casas de Viboli de Arriba, seguimos el sendero que continua a la derecha subiendo las últimas y herbosas rampas de Salón, hasta coronar en la cruz de su máxima altitud. Un frío viento nos da la bienvenida.
La cumbre de Salón sin vistas, no tiene demasiados alicientes.
Cuando el día es claro, es un magnífico mirador del Cornión y de toda la montaña que la circunda. El Precornión, Cabroneru, Beza, Valdepino, etc., quedan al alcance de la mano. Toda la montaña de Ponga se posiciona a nuestro alrededor. El cercano Carria, el Tiatordos, Peña Subes y tantos y tantos otros. Pero hoy nosotros nos tenemos que conformar con los abismales desniveles que nos rodean. Los más de 200 metros que nos separan del Collado Baxeñu son en caída libre. Cerca de la cumbre hay un espectacular agujero por el que podemos ver directamente los prados del fondo sin nada que nos estorbe. Es impresionante la caída directa que tiene esta peña.
Debemos continuar y para ello desandamos nuestros pasos hasta el collado de la Boya Campiella para seguir a la derecha por un camino armado que en suaves revueltas nos lleva al Collado Baxeñu. Desde aquí seguimos por el
sendero que medio se pierde con dirección a Viboli (sur), y que entramos se encuentra bastante anegado de agua. El sendero serpentea junto a la riega hasta llegar al cementerio del pueblo Aquí es sustituido por una pista de hormigón bastante resbalosa, que llega hasta las primeras casas del pueblo. Podemos llegar a las casas que se encuentran justo por encima de la iglesia. De aquí, seguiremos entre dos casas a la izquierda (norte) a pasar por detrás de una cuadra y coger un camino bien marcado y que en tiempos de lluvia se convierte en reguero. El camino nos irá subiendo hacia la Peña Vibolines con dirección norte primero y este más tarde, cuando al dar una curva a la derecha abandonamos el regato que inunda el camino. Salen otros caminos de este pero debemos seguir el más marcado que es el principal. Al final todos llegan a l mismo sitio: una zona despejada de tierra y hierba, desde la que vemos como nuestro sendero se acerca a la peña y en ella descubrimos el inicio del sedo. Inicio marcado por una portilla de madera que debemos dejar cerrada.
Aquí comienza el Sedo de Vibolines o Camín de la Peña que le dicen los
lugareños. El camín tien visu. Una estrecha franja de terreno horizontal que sobresale de la pared rocosa y vuela sobre el abismo. Eso es el sedo. Pero que nadie piense que es impracticable. Con precaución y fijándonos donde ponemos los pies, se camina perfectamente. En algunos puntos hay que utilizar las manos ya que los pasos o escalones pueden ser un poco altos, pero hay lugar para asirse sin ningún problema. Nosotros lo hicimos con el terreno húmedo. Ya no llovía, pero el agua caída horas antes mantenía la piedra y la tierra húmeda. Pero tampoco fue grande el problema: un poco más de atención a la hora de pisar. No es recomendable el terreno para quienes padezcan de vértigo, ya que la zona que no cubre la pared de la montaña, derecha, cae libremente a pico hasta el cauce del río Viboli, unos trescientos metros más abajo.
El camino es siempre en ascenso, pero entretenidos como estamos con todos los sentidos puestos en los pasos que damos, ni nos damos cuenta. Llegamos a una nueva zona de hierba y vemos tras un recodo a la izquierda, un trozo de nuestro camino armado y pegado a la pared. Debemos descender ligeramente para retomar el sendero que nuevamente se empina. Si nos fijamos antes de acometer esta segunda parte del sedo, e intentamos ver por donde continúa este, veremos unos metros más del camino que en zigzag se aproxima a un pliegue de la roca y después.... Después lo perdemos de vista y hasta nos parecerá que no tiene continuidad. Pero si la tiene. En el pliegue el camino hace un brusco giro a la izquierda y continúa subiendo. Ahora el terreno es blando y terroso. Se trata de los excrementos desmenuzados de las cabras que habitan estos lugares. Alguien dijo en algún momento que estábamos como cabras y quizá tenga razón.
El camino parece finalizar ante una nueva portilla que cierra la entrada a una cueva, normalmente refugio de las cabras, y que tenemos que atravesar. Pasada la portilla, sobre la lisa piedra que tenemos a nuestra izquierda, podemos leer
una inscripción en ella grabada: “Siendo alcalde (...) en el año 1896 se construyó esta obra”; también aparecen las iniciales “JMFCO”, después “José María” y otras iniciales, “PR”. El camino continúa dentro de la cueva con un giro a la derecha para llevarnos nuevamente al exterior. Unos pocos metros más y el sedo finaliza en la Majada de Tuba. Entretanto las cabras nos observan extrañadas unos metros por encima de nuestras cabezas.
Alcanzamos la Majada de Tuba, que ya habíamos visto desde el Camín del Llaciu, justo al lado de una cabaña. Un sendero recorre toda la pradería y si nos fijamos, al noreste vemos un collado terroso al que llegan dos caminos muy marcados. Ese es nuestro collado y los caminos uno va por arriba, en el que nosotros estamos y el otro viene de más abajo. Debemos seguir ese sendero con tendencia al descenso pero sin que este sea muy pronunciado. El sendero se adentra en un bosquecillo pero poco tiempo. Enseguida salimos a una zona despejada en la que es más ostensible. Solo nos resta seguirlo y alcanzaremos el mencionado collado desde el que ya vemos el Collado la Iglesia y las casas de Casielles más abajo.
Volvemos al Collau la Iglesia y aquí tenemos dos opciones: bajar por la serpenteante carretera hasta la Foz del Candanu y de aquí, también por carretera hasta Puente Huera o bajar por el Camin de la Verganza. Nosotros escogimos esta última opción por ser más interesante. Para ello seguimos por la pista que ya utilizamos a la ida, con rumbo a Biamón y enseguida vemos como un ramal sale por la derecha. Lo tomamos y este nos lleva a las abandonadas y derruidas casas de Caviella. El camino continúa en descenso entre las casas y nosotros lo vamos siguiendo. En algún momento parece perderse, pero si nos fijamos bien, el camino está armado y es fácil de distinguir. En la última casa, en una zona de pradera, el camino bien armado hace un giro brusco a la derecha y continúa con un fuerte descenso. Luego se difumina un poco pero lo podemos seguir con dirección a la riega que debemos atravesar. Al otro lado de la riega volvemos a retomar el amplio camino al que se une otro ramal por la derecha que también viene de las casas de Caviella. Ya no hay pérdida. Solo es seguir el camino armado un
poco abandonado por la falta de uso, pero muy fácil de seguir en sus múltiples revueltas descendiendo por la pindia ladera. Al sur, y varios metros más abajo, podemos ver la carretera de los Beyos y el edificio del bar de Puente Huera.
Cerca del final nos introducimos en una zona arbolada que no nos deja ver la ya cercana carretera. El ahora sendero de tierra nos lleva con dirección norte y enseguida hace un quiebro a la derecha y alcanzamos la carretera de los Beyos. Si tenemos que volver a Puente Vidosa, seguiremos por ella a la izquierda y en kilómetro y medio alcanzaremos el punto del que salimos. Si por el contrario, el vehículo nos espera en Puente Huera, seguiremos a la derecha con dirección al Puerto del Pontón y tras pasar el Puente Verganza que nos transporta a la orilla derecha del Sella, unos cientos de metros más allá, alcanzaremos un nuevo puente, Puente Huera, final del recorrido de hoy por las preciosas tierras de Ponga.
JAFPA







