viernes, junio 16, 2006

EL CAÑON DEL RIO TERA

10 de JUNIO de 2006

Punto de partida: RIBADELAGO VIEJO (ZAMORA)
Punto de llegada: SAN MARTÍN DE CASTAÑEDA (ZAMORA)
Mapa de la Ruta: CARTOGRAFIA MILITAR DE ESPAÑA 10-12 PUEBLA DE SANABRIA
Distancia total: 19 Km.
Desnivel: De Subida 603 m. De Bajada 391 m.
Tiempo estimado: 7 HORAS
Dificultad: MEDIA.
Orientación: FACIL

DESCRIPCIÓN:

El mayor problema de esta ruta es la gran distancia que hay que recorrer para desplazarse desde Oviedo a Puebla de Sanabria en Zamora. Por lo demás, se trata de una ruta factible para aquellas personas acostumbradas a caminar por el monte. Hay que tener en cuenta que aunque los desniveles indicados son pequeños, la ruta es un continuo tobogán para salvar las distintas terrazas del cañón.

Desde Oviedo a Sanabria haremos el recorrido completo por autopistas y autovías, con lo que los tiempos se acortan considerablemente, pero en autocar debemos pensar en unas 3 horas y media como mínimo. Saldremos de Oviedo por la A-66 para enlazar con la Autopista del Huerna, AP-66, en Campomanes. Después del peaje de Rioseco de Tapia seguiremos por la A-66, Ruta de la Plata, rumbo a Benavente y a la altura de esta población el camino continúa por la A-52 denominada Autopista de las Rías Bajas. Seguiremos por ella durante 77 kilómetros hasta encontrar la salida 79 hacia Puebla de Sanabria / Lago de Sanabria. Seguiremos por la carretera nacional N-525, hasta el pueblo de El Puente, donde seguiremos los indicadores que marcan la dirección del Lago de Sanabria. Será por la carretera ZA-104 y después de unos 16 kilómetros y tras pasar el pueblo de Ribadelago Nuevo, alcanzaremos el final de nuestro viaje dentro del reconstruido pueblo de Ribadelago Viejo.

Ribadelago Viejo, donde iniciamos la ruta por el Cañón del Río Tera, fue casi completamente destruido en la noche del 8 al 9 de enero de 1959, por la avalancha de ocho millones de metros cúbicos de agua que se precipitaron por los 8 kilómetros del cañón, tras la rotura de la presa de Vega de Tera, perteneciente a la empresa Hidroeléctrica de Moncabril. Aquella fatídica noche, las aguas atronaron la comarca destruyendo mas del 60 % de las casas y arroyando a 145 de los 550 vecinos con los que contaba. De esos 145 arrastrados por las aguas, solamente se encontraron 28 cuerpos.

Nuestra ruta comienza al final del pueblo (1.008 m), en una explanada de tierra a la izquierda del camino que continúa hacia San Martín de Castañeda, donde terminaremos el periplo de hoy. Comenzaré por decir que la ruta está completa y en muchos casos profusamente señalizada. Hay marcas verdes, y rojas al principio, en las piedras que jalonan el recorrido; también encontraremos estacas pintadas de verde y una buena cantidad de jitos, montoncitos de piedras, que nos permitirán seguir la ruta sin prácticamente ningún atisbo de duda.

Comenzaremos a recorrer este importante espacio natural, erosionado por la fuerza descomunal de la glaciación, a orillas del remansado río que le da nombre, el Tera. Caminaremos entre árboles que jalonan la rivera y cruzaremos el río para pasar a su margen izquierdo por el que continuaremos hasta que las indicaciones y el camino, bien marcado en este lugar, nos hagan pasar de nuevo a la orilla derecha, en una zona caracterizada por la desolación. Se trata de una especie de explanada cubierta de piedras que fueron arrolladas por los glaciares y las torrenciales avenidas del Tera.

Seguimos subiendo y poco a poco nos vamos acercando a las grandes masas pétreas erosionadas por el glaciar y convertidas en “llambrias” graníticas en las que nuestras botas se agarran para continuar la ascensión. Aquí y acullá, distintas gramíneas y arbustos jalonan nuestros pasos y jóvenes robles tamizan con sus hojas los tímidos rayos del sol. La época es buena. El campo esta verde y las flores emanan sus perfumes cuando las rozamos con nuestras botas, llenando el ambiente de suaves fragancias. El camino empieza a endurecerse y comienzan los primeros sube y baja. Estamos rodeados de piedra salpicada por las manchas verdes y amarillas de la genista y comenzamos a ver pequeños ibones, embalsamientos de agua, y las primeras torrenteras discurren cantarinas en los intersticios de las grandes piedras.

Alcanzamos la Laguna de las Ninfas (1.200 m) un pequeño lago cerrado por una gran muralla de piedra y rodeado en parte de vegetación. Una bonita cascada lo alimenta después de discurrir por el granito. Aquí nosotros abandonamos el camino, lo dejamos a la izquierda, para ir subiendo por las plataformas pétreas salpicadas de canales y pequeñas cascadas de aguas cristalinas. No hay problemas para seguir por este mundo de piedra y pronto volvemos a encontrarnos con innumerables jitos que nos devuelven al sendero normal.

Vamos pasando de laguna en laguna, algunas rodeadas de un verdor que hace destacar aún más el azul del cielo reflejado en sus aguas. Las flores ponen el toque romántico a un paisaje abrupto y hermoso. Poco a poco el sendero se va adentrando en una zona más espesa de matorral y la inclinación del terreno disminuye. Nos estamos acercando a La Cueva de San Martín. Con el río remansado a nuestra izquierda, caminamos ahora entre árboles, hasta alcanzar una pradera con una bifurcación a la izquierda y un rústico puente de hormigón y maderas, que nos invita a pasar a la otra orilla del río. Cruzado este, nos adentramos en una explanada cubierta de piedras que dan paso al mayor delos lagos del cañón. Nos encontramos en la Cueva de San Martín (1.354 m). El lago está cerrado por su parte norte por la que fluye la cascada que baja de Vega de Tera. Otro puente con la misma estructura que el que acabamos de atravesar, cruza sobre el desagüe natural del lago.

Tras recrearnos con este bonito entorno, volvemos a cruzar el primer puente para situarnos de nuevo en el camino señalizado por una estaca pintada de verde. Atravesamos la pradera que se abre a nuestros pasos y en la que hay restos de algunas cabañas, para comenzar a subir entre robles, por la riega del Arroyo Covadosos, en dura pendiente, hasta alcanzar una nueva meseta herbosa con nuevas cabañas. Frente a nosotros y cruzando en diagonal la ladera que baja del Gencianal, distinguimos la línea del camino carretero por el que continuaremos la ascensión. Cruzamos la pradera con ligera dirección izquierda y siempre siguiendo las pintadas verdes, hasta entroncar con el buen camino que en suave y tendido ascenso, nos aupará al pie del Gencianal. Podremos disfrutar de magníficas vistas de todo el camino recorrido, comprobando desde la altura el caótico surco del Cañón del Río Tera. También podremos ver en la lejanía del curso alto del río, los restos de la presa que una fatídica noche de invierno venció a causa de la gran cantidad de agua acumulada tras varios días de intensas lluvias. Podemos imaginarnos, contemplando este paisaje, el estruendo y la furia de esas aguas embalsadas fluyendo liberadas y arrastrando todo lo que encuentran a su paso.

Borremos esa triste imagen de nuestra mente, para disfrutar, en los últimos tramos de esta cómoda subida, del paisaje que hace poco atravesábamos. Llegados a la parte más alta del recorrido (1.611 m), el paisaje cambia totalmente. La meseta se abre y amplios pastizales tornan la tortura piedra por la verde hierba. Aunque aún restos de la acción del glaciar nos contemplan como un monumento a su trabajo de siglos. Grandes bloques de redondeadas piedras forman un grupo escultórico digno de cualquier artista moderno. El camino ya en descenso, continúa ahora entre prados y bosques de robles. Alcanzamos una pequeña granja con algunos animales domésticos en una explanada, y, tras cruzar un arroyo, continuamos por la carretera que sube a la Laguna de los Peces y que en múltiples vueltas y revueltas en descenso, nos conduce a San Martín de Castañeda (1.200 m). Poco antes de entrar en el pueblo podremos disfrutar de una magnífica vista de toda la gran extensión del mayor lago glaciar de la península, el Lago de Sanabria.

En San Martín de Castañeda es obligado visitar el monasterio cisterciense, de origen medieval, data del siglo XII, que fue construido por iniciativa de Alfonso VII. Hoy, a demás de ser su iglesia, la parroquia titular de la localidad, en sus naves se aloja el Centro de Interpretación del Parque Natural del Lago de Sanabria.

JAFPA

miércoles, junio 07, 2006

VISITANDO EL MAMPODRE EN LA POLINOSA

03 de JUNIO de 2006

Punto de partida: REDIPOLLOS (LEON)
Punto de llegada: REDIPOLLOS (LEON)
Mapa de la Ruta: TOPOGRÁFICO NACIONAL 079-IV PUEBLA DE LILLO
Distancia total: 19 Km.
Desnivel: De Subida 1.009 m. De Bajada 1.009 m.
Tiempo estimado: 7 HORAS
Dificultad: MEDIA.
Orientación: FACIL

DESCRIPCIÓN:

Bonita ruta al menos en esta época, para conocer uno de los macizos importantes que se desgajan de la Cordillera Cantábrica.

Para acceder a Redipollos desde Oviedo, debemos seguir la carretera A-66 hasta la altura de Ujo, donde cogeremos la AS-112 que entronca con la AS-253 en Cabañaquinta y nos transporta hasta La Raya en San Isidro. Aquí la carretera se convierte en la LE-332 por la que continuaremos hasta Puebla de Lillo. A medio kilómetro de la salida de este pueblo leonés, nos encontramos con una carretera que sale a la izquierda y que nos dejará rápidamente en Redipollos.

De la pequeña plaza de Redipollos (1.150 m), adornada con una fuente encabezada por un rebeco, tomaremos la calle que sale a la izquierda en la que encontraremos un cartel que anuncia el PR LE-29 PICOS DEL MAMPODRE. Desde aquí solo tenemos que seguir las indicaciones, muy buenas, del PR hasta los Soportales en la Cervencia. Para ello seguiremos la pista que sale del pueblo y en una bifurcación de varios caminos junto a una fuente abrevadero, cogeremos el de la derecha que en ligero ascenso entre robles nos conduce al Caserío La Vega de San Pedro.

Continuando por la pista alcanzaremos el Robledal de Los Torcedos con amplia campera en la que tenemos una buena fuente. Enseguida la pista hace un giro a la derecha y comienza una fuerte subida hasta la Carrerina Blanca (1.441 m) donde encontramos una torre de vigilancia forestal Aquí tenemos unas estupendas vistas del Valle del Porma, con el Susarón en primer termino y el caserío de Redipollos a sus pies. La pista continúa subiendo a orillas del Valle del Bustil de Pepe que vamos dejando abajo a nuestra derecha, y se adentra en una zona algo más húmeda, gracias a la aportación del arroyo que ahora baja acompañándonos. Esto da paso a las praderas de La Cervencia (1.650 m) donde encontramos un amplio corral y una cabaña con buena cantidad de reses a su alrededor. Lo denominan Los Soportales. A nuestra derecha y frente a la cabaña, se alza majestuosa La Polinosa y a sus pies pastan en las praderas un buen número de caballos.

A la izquierda de La Polinosa se puede ver la mancha verde de la Collada de Valverde a la que tenemos que dirigir nuestros pasos. Subimos por las praderas hasta alcanzar una especie de olla que se forma a sus pies y por un sendero del ganado bien marcado y que asciende en zigzag, alcanzamos la collada (1.828 m). Se abre una nueva ventana a nuestros ojos. Bajo nosotros se extiende el Valle de Valverde que a la izquierda se comunica con la llanura de Maraña. En frente, la escarpada estructura del Pico La Cruz o Mampodre y más al fondo, la mole de Peña Ten con su característica forma de volcán. Algo a la izquierda de ella comienzan a aparecer otras cumbres conocidas: Recuenco, Pierzu, Tiatordos... Nuestro camino continúa a la derecha por la cresta, buscando la falda sur de La Polinosa hasta que nos encontramos con la parte más escarpada de la montaña. Aquí, tratando de seguir alguno de los senderos que continúan en ascenso oblicuo por la amplia falda de nuestra cumbre, buscamos las zonas más cómodas y con algunos jitos, para ir situándonos en la parte central de La Polinosa, donde se encuentra su cumbre. Al principio la inclinación del terreno y la piedra suelta nos impedirán avanzar con comodidad, pero a medida que vamos remontando altura, nuestros pasos serán más firmes y pronto alcanzaremos la pétrea cumbre, coronada por un buzón montañero (2.160 m).

Las vistas se abren en todas direcciones proporcionando un abanico inmenso de lugares conocidos. Por empezar por alguna parte, pondremos nuestros ojos en el azul del Embalse del Porma vigilado de cerca por la piramidal figura del Susarón, a cuyos pies vemos los pueblos de Redipollos y Puebla de Lillo amen de una buena parte del recorrido realizado. Siguiendo a la derecha, van apareciendo un sinfín de cumbres entre las que podemos distinguir muy en la lejanía, la inconfundible silueta de La Ubiña y el cordal de Castillines y Fontanes, precedidas por todas las alturas del Puerto de San Isidro, entre las que destaca majestuosa y un poco apartada la figura del Torres. Al otro lado de la cresta que une La Polinosa con la Collada Valverde, se abre el valle del mismo nombre y toda la montaña de Ponga: Campigüeños, La Llambria, Tiatordos, Maciedome, Pierzu, Recuencu, Collau Zorro, Pileñes y Peña Ten. Ya en el Mampodre, la cercana figura de La Cruz hoy cubierta de montañeros, hace horcada con las Peñas del Convento y el Valcerrao, encerrando aquí el Valle de Valverde. Pero al otro lado de esta muralla rocosa, aparecen en su plenitud, todas las cumbres de Picos de Europa y desgajadas de ellos el Curavacas y el Espigüete.

Un amplio mirador en un día espléndido de luz y limpio de brumas, lo que nos permite tener unas vistas inmejorables. El día es magnífico en cuanto a temperatura. El sol se ve suavizado por una ligera brisa y se está estupendamente en la cumbre. Pero nos queda mucho camino por andar. Hacemos las últimas fotos y pertrechados nuevamente con nuestros equipajes, emprendemos el descenso por el mismo sitio por el que subimos. Una vez en la Collada Valverde (1.828 m), decidimos continuar por la cresta hasta alcanzar el Pico Valverde (1.894 m). Casi las mismas vistas que desde La Polinosa, pero aquí a parte de poder contemplarla, vemos separados los macizos Occidental y Central de Picos de Europa, pudiendo distinguir claramente la figura de la Peña Santa, Cabrones y Torrecerredo. Nos descolgamos entre prados hasta la Collada Fermosa (1.749 m) por la que discurre el camino que abandonamos en Los Soportales. Nuevamente en las marcas del PR LE-29, seguimos por la falda del serrote del Pico Valverde en dirección a la Collada Maraña. Antes de llegar a ella, el camino hace un brusco giro a la izquierda, bien señalizado, y en descenso en la misma dirección por la que veníamos, vamos bajando al valle que nace de la misma Collada Fermosa. Ya en el fondo del valle caminamos entre prados y arbustos hacia un estrechamiento que ya veníamos viendo. Entre rocas y con la compañía de un cantarín arroyo, atravesamos por el inundado camino, las Hoces de La Cabrera (1.248 m). Un vergel que nos abre las puertas de un mundo nuevo. Abandonamos aquí las peladas cumbres para encontrarnos con zonas arboladas y prados llenos de verdor. Pasada la corta y bonita foz, se abre el valle y el camino discurre entre verdes praderas inundándose a cada poco con el agua del Arroyo de la Fuentona. Siguiendo la ruta marcada y desechando todos los caminos que salen a izquierda y derecha, desembocamos en la carretera que une Puebla de Lillo a Redipollos. Seguiremos a la derecha en ligero ascenso y en menos de un kilómetro alcanzaremos las primeras casa del pueblo (1.150 m) del que partimos hace unas 7 horas, tras disfrutar de un cómodo paseo por las inmediaciones del Mampodre.

JAFPA