Punto de partida: REDIPOLLOS (LEON)
Punto de llegada: REDIPOLLOS (LEON)
Mapa de la Ruta: TOPOGRÁFICO NACIONAL 079-IV PUEBLA DE LILLO
Distancia total: 19 Km.
Desnivel: De Subida 1.009 m. De Bajada 1.009 m.
Tiempo estimado: 7 HORAS
Dificultad: MEDIA.
Orientación: FACIL
DESCRIPCIÓN:
Bonita ruta al menos en esta época, para conocer uno de los macizos importantes que se desgajan de la Cordillera Cantábrica.
Para acceder a Redipollos desde Oviedo, debemos seguir la carretera A-66 hasta la altura de Ujo, donde cogeremos la AS-112 que entronca con la AS-253 en Cabañaquinta y nos transporta hasta La Raya en San Isidro. Aquí la carretera se convierte en la LE-332 por la que continuaremos hasta Puebla de Lillo. A medio kilómetro de la salida de este pueblo leonés, nos encontramos con una carretera que sale a la izquierda y que nos dejará rápidamente en Redipollos.
De la pequeña plaza de Redipollos (1.150 m), adornada con una fuente encabezada por un rebeco, tomaremos la calle que sale a la izquierda en la que encontraremos un cartel que anuncia el PR LE-29 PICOS DEL MAMPODRE. Desde aquí solo tenemos que seguir las indicaciones, muy buenas, del PR hasta los Soportales en la Cervencia. Para ello seguiremos la pista que sale del pueblo y en una bifurcación de varios caminos junto a una fuente abrevadero, cogeremos el de la derecha que en ligero ascenso entre robles nos conduce al Caserío La Vega de San Pedro.
Continuando por la pista alcanzaremos el Robledal de Los
Torcedos con amplia campera en la que tenemos una buena fuente. Enseguida la pista hace un giro a la derecha y comienza una fuerte subida hasta la Carrerina Blanca (1.441 m) donde encontramos una torre de vigilancia forestal Aquí tenemos unas estupendas vistas del Valle del Porma, con el Susarón en primer termino y el caserío de Redipollos a sus pies. La pista continúa subiendo a orillas del Valle del Bustil de Pepe que vamos dejando abajo a nuestra derecha, y se adentra en una zona algo más húmeda, gracias a la aportación del arroyo que ahora baja acompañándonos. Esto da paso a las praderas de La Cervencia (1.650 m) donde encontramos un amplio corral y una cabaña con buena cantidad de reses a su alrededor. Lo denominan Los Soportales. A nuestra derecha y frente a la cabaña, se alza majestuosa La Polinosa y a sus pies pastan en las praderas un buen número de caballos.
A la izquierda de La Polinosa se puede ver la mancha verde de la Collada de Valverde a la que tenemos que dirigir nuestros pasos. Subimos por las praderas hasta alcanzar una especie de olla que se forma a sus pies y por un sendero del ganado bien marcado y que asciende en zigzag, alcanzamos la collada (1.828 m). Se abre una nueva ventana a nuestros ojos. Bajo nosotros se extiende el Valle de Valverde que a la izquierda se comunica con la llanura de Maraña. En frente, la escarpada estructura del Pico La Cruz o Mampodre y más al fondo, la mole de Peña Ten con su característica forma de volcán. Algo a la izquierda de ella comienzan a aparecer otras cumbres conocidas: Recuenco, Pierzu, Tiatordos... Nuestro camino continúa a la derecha por la cresta, buscando la falda sur de La Polinosa hasta que nos encontramos con la parte más e
scarpada de la montaña. Aquí, tratando de seguir alguno de los senderos que continúan en ascenso oblicuo por la amplia falda de nuestra cumbre, buscamos las zonas más cómodas y con algunos jitos, para ir situándonos en la parte central de La Polinosa, donde se encuentra su cumbre. Al principio la inclinación del terreno y la piedra suelta nos impedirán avanzar con comodidad, pero a medida que vamos remontando altura, nuestros pasos serán más firmes y pronto alcanzaremos la pétrea cumbre, coronada por un buzón montañero (2.160 m).
Las vistas se abren en todas direcciones proporcionando un abanico inmenso de lugares conocidos. Por empezar por alguna parte, pondremos nuestros ojos en el azul del Embalse del Porma vigilado de cerca por la piramidal figura del Susarón, a cuyos pies vemos los pueblos de Redipollos y Puebla de Lillo amen de una buena parte del recorrido realizado. Siguiendo a la derecha, van apareciendo un sinfín de cumbres entre las que podemos distinguir muy en la
lejanía, la inconfundible silueta de La Ubiña y el cordal de Castillines y Fontanes, precedidas por todas las alturas del Puerto de San Isidro, entre las que destaca majestuosa y un poco apartada la figura del Torres. Al otro lado de la cresta que une La Polinosa con la Collada Valverde, se abre el valle del mismo nombre y toda la montaña de Ponga: Campigüeños, La Llambria, Tiatordos, Maciedome, Pierzu, Recuencu, Collau Zorro, Pileñes y Peña Ten. Ya en el Mampodre, la cercana figura de La Cruz hoy cubierta de montañeros, hace horcada con las Peñas del Convento y el Valcerrao, encerrando aquí el Valle de Valverde. Pero al otro lado de esta muralla rocosa, aparecen en su plenitud, todas las cumbres de Picos de Europa y desgajadas de ellos el Curavacas y el Espigüete.
Un amplio mirador en un día espléndido de luz y limpio de brumas, lo q
ue nos permite tener unas vistas inmejorables. El día es magnífico en cuanto a temperatura. El sol se ve suavizado por una ligera brisa y se está estupendamente en la cumbre. Pero nos queda mucho camino por andar. Hacemos las últimas fotos y pertrechados nuevamente con nuestros equipajes, emprendemos el descenso por el mismo sitio por el que subimos. Una vez en la Collada Valverde (1.828 m), decidimos continuar por la cresta hasta alcanzar el Pico Valverde (1.894 m). Casi las mismas vistas que desde La Polinosa, pero aquí a parte de poder contemplarla, vemos separados los macizos Occidental y Central de Picos de Europa, pudiendo distinguir claramente la figura de la Peña Santa, Cabrones y Torrecerredo. Nos descolgamos entre prados hasta la Collada Fermosa (1.749 m) por la que discurre el camino que abandonamos en Los Soportales. Nuevamente en las marcas del PR LE-29, seguimos por la falda del serrote del Pico Valverde en dirección a la Collada Maraña. Antes de llegar a ella, el camino hace un brusco giro a la izquierda, bien señalizado, y en descenso en la misma dirección por la que veníamos, vamos bajando al valle que nace de la misma Collada Fermosa. Ya en el
fondo del valle caminamos entre prados y arbustos hacia un estrechamiento que ya veníamos viendo. Entre rocas y con la compañía de un cantarín arroyo, atravesamos por el inundado camino, las Hoces de La Cabrera (1.248 m). Un vergel que nos abre las puertas de un mundo nuevo. Abandonamos aquí las peladas cumbres para encontrarnos con zonas arboladas y prados llenos de verdor. Pasada la corta y bonita foz, se abre el valle y el camino discurre entre verdes praderas inundándose a cada poco con el agua del Arroyo de la Fuentona. Siguiendo la ruta marcada y desechando todos los caminos que salen a izquierda y derecha, desembocamos en la carretera que une Puebla de Lillo a Redipollos. Seguiremos a la derecha en ligero ascenso y en menos de un kilómetro alcanzaremos las primeras casa del pueblo (1.150 m) del que partimos hace unas 7 horas, tras disfrutar de un cómodo paseo por las inmediaciones del Mampodre.
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