Punto de partida: SELLAÑO (PONGA)
Punto de llegada: PUENTE LES CUERRES (PONGA)
Mapa de la Ruta: TOPOGRÁFICO NACIONAL 054-II LLERANDI, 054-IV CAMPO DE CASO
Distancia total: 18 Km.
Desnivel: De Subida 717 m. De Bajada 607 m.
Tiempo estimado: 7 a 9 HORAS
Dificultad: ALTA.
Orientación: DIFÍCIL (Por la parte intermedia y final).
DESCRIPCIÓN:
Dura ruta por tierras siempre asombrosas de Ponga. Si el desnivel a vencer no es muy grande en valores relativos, en absolutos si lo es debido a la acumulación de los distintos desniveles de subida y bajada que hay que vencer. Ruta desaconsejada completamente en días de niebla y para la que se necesita fijarse bien en las indicaciones existentes y mucho mejor si se tiene un buen conocimiento de la zona. Hay dos puntos clave en el recorrido. El primero es la salida de la majada de Semeldón donde hay que buscar los jitos de señalización después de cruzar el arroyo y el segundo es la bajada al cauce del Río Les Cuerres desde la Collada de Cuadramoñu. Estos dos puntos son claves para poder realizar el recorrido que aquí se describe.
Para llegar a Sellaño desde Oviedo, debemos tomar la A-64 hasta Lieres y luego por la N-634 llegar a Sevares donde nos
encontramos con dos opciones: coger aquí la estrecha carretera AS-339 que se dirige a Beleño y en la que en el punto kilométrico 18,5 se encuentra Sellaño, o bien continuar hasta Cangas de Onís, donde cogeremos la carretera C-633 que se dirige al Desfiladero de los Bellos y en cuyo punto kilométrico 145, a 10 kilómetros de Cangas, debemos cruzar el Puente los Grazos para seguir por la AS-261 durante 6,5 kilómetros hasta llegar a Sellaño (220 m).
Sea cual fuere el recorrido que hicimos para llegar al punto de partida, debemos tomar rumbo a Cazo por la carretera AS-339 que termina en Sevares. Poco antes del cartel anunciador de que vamos a salir del pueblo, sale por la izquierda un buen camino en el que podemos ver un cartel del PR- 212 “Ruta de Sellaño a Semeldon”. Tomaremos este camino y entre prados y árboles llegaremos a un puente en muy mal estado, sobre un arroyo seco, lo que nos permite vadearlo sin tener que usar el puente. Al poco abandonaremos el camino que continúa a la derecha y atravesaremos una portilla que nos dará paso a un prado en el que podemos ver que el camino, cubierto de hierba, ocupa lo que fue la caja de un antiguo ferrocarril maderero.
El camino no tiene pérdida ya que además de las marcas del PR, blancas y amarillas, podemos ver otra señalización en forma de grandes redondeles azules, que nos acompañarán hasta la Majada de Semeldón. Atravesamos una nueva portilla y seguimos el camino junto al Río Semeldón por su orilla izquierda hasta que nos encontramos con un nuevo puente. Se trata del Puente Curueño que al final tiene una portilla y nos trasporta a la margen derecha el río. Caminaremos por ella durante un tramo, hasta el Puente de la Sota del Candano, donde regresaremos a la orilla izquierda para no abandonarla más. Encontramos un camino por la derecha que se dirige a Ambigüe y que está señalizado. El camino en este punto es ancho y ocupa toda la caja del ferrocarril. Por nuestra izquierda y a una cierta altura corre el Río y a la derecha la pétrea pared de la montaña. Pasamos junto a una destartalada cabaña con plásticos en el techo y descendemos hasta la altura del río. Un nuevo puente, en este caso metálico y colgante. La ruta del PR-212 continúa por él, pero nosotros queremos hacer el sedo y seguimos por el camino. A partir de este punto, solamente tendremos las marcas azules como indicadores de la ruta a seguir.
El camino se estrecha y la maleza lo invade. Tan pronto nos
encontramos a la altura del río, como nos elevamos considerablemente. Empezamos a encontrar algunas dificultades. Debemos tomar precauciones y fijar bien nuestros pasos. En algunos puntos la piedra mojada nos puede hacer resbalar. De todos modos no existe un peligro inminente y el paso se hace bien. Así es el resto del camino hasta Semeldón, contemplando preciosas zonas en el río de aguas cristalinas.
La Majada de Semeldon (300 m) donde aún quedan restos de lo que denominan La Fábrica y donde una industria maderera estuvo ubicada, es hoy un paraje salvaje de vegetación, cerrado por el río y el valle que termina en la Collada Piedrafita, a los pies del Pico Cunio. Aquí tenemos el primer punto con ciertas dificultades para ver la continuidad. Si nos fijamos bien, en una de las cabañas que aún quedan en Semeldón, hay una marca azul y una flecha que nos indica el camino a seguir. Pero no debemos subir mucho. Tenemos que acercarnos al Arroyo Piedrafita que baja del collado del mismo nombre y vadearlo buscando un jito que nos marca el comienzo del desdibujado sendero que pronto empieza a subir por entre hayas. Nos imaginamos más que vemos el sendero donde
jitos y algunas poco perceptibles marcas amarillas nos lo trata de mostrar y que en rápida ascensión nos acerca al Collado Pandellina donde terminan los árboles y se abre un nuevo paisaje. Un indescriptible conjunto de foces, montes y árboles, cerrado todo por la inconfundible y redondeada figura de La Bolera Los Moros, que extiende sus faldas hacia Vallemoro.
El camino sigue a la derecha por la especie de cresta que se forma en la collada. Pronto comenzaremos a ver nuevas marcas amarillas, azules y rojas, que nos acompañarán en este nuevo sendero que ahora serpentea entre los brezos y que tan mal nos lo hizo pasar por el calor y el polen que soltaba. Vamos ascendiendo en duros repechos a un collado que se forma junto a una puntiaguda roca que dejaremos a la izquierda para seguir subiendo un poco más, para luego casi en llano ir al encuentro de una zona arbolada que nos dará paso a un hombro desde el que ya podremos contemplar las praderas de Vallemoro a los pies de la Bolera que veníamos divisando desde hace rato.
Un largo recorrido por el Sedo Los Cabidos, a este lado del valle
que nos separa de Vallemoro y por el que corre el Arroyo Llivarda. Debemos fijarnos bien, pues a pesar de ser de muchos colores las marcas, estas en algunos sitios se dejan de ver y pueden llevarnos a confusión. No debemos bajar al cauce del arrollo hasta casi el final, en una zona donde un prado nos cierra el paso y un sendero baja bordeándolo hasta la orilla del arroyo. Aquí confluye la ruta que viene desde Traslafuente con la subida a Vallemoro. Cruzamos el arroyo y por la izquierda vamos subiendo por un amplio camino hasta las primeras casas de lo que fue el pueblo mejor comunicado de la zona. Accedemos a Vallemoro (720 m) por el collado del mismo nombre en la parte más alta del pueblo. Es una pena que la mayoría de las casas de este precioso estén desapareciendo por el abandono. Creo que la Consejería debería hace algo al respecto y evitar que en no mucho tiempo este importante punto etnográfico deje de existir.
Es inevitable el paseo entre las casas del pueblo para descender nuevamente a las orillas del Río Semeldón que cruzaremos por el puente junto al viejo molino de Vallemoro, al que podremos acceder girando a la derecha y siguiendo unos metros el cauce del río. De regreso al puente, ante nosotros tenemos el inicio de la pista que conduce a Taranes y por la que debemos subir. El día es el menos propicio para caminar por ella. El sol, en los tramos que no cubren los árboles, calienta con una fuerza anormal para la época. Cuando llegamos a los lugares en sombra, nuestro cuerpo lo agradece y después debemos hacer un esfuerzo mayor para empujarlo nuevamente al sol. La pista es dura, pero nos proporciona unas estupendas vistas de Vallemoro y su compañera la Bolera Los Moros.
Penosamente alcanzamos las primeras cabañas y praderas de Cuadramoñ
o (937 m). No necesitamos subir hasta el collado. A la izquierda, después de pasar un empinado prado con una cabaña en medio, sale un camino que se adentra en el bosque y en ligero descenso. Seguimos este camino que gira a la izquierda para luego perderse. Poco antes debemos iniciar el descenso a buscar unos prados con cabañas , por los que continuaremos descendiendo a buscar la riega del Río Les Cuerries o Cuerres. Hay que bajar a él buscando el mejor punto, pues aquí se forma una profunda foz con paredes verticales e inaccesibles. Una vez en el cauce del río, seguiremos el camino, marcado con pintura en algunos tramos, que pasa de una orilla a la otra en busca del mejor paso. En un momento determinado el cauce se seca, para volver a aparecer más abajo, formando pequeñas cascadas y preciosos pozos. El camino es fácil de seguir y apenas se separa del cauce. Es todo el tiempo en descenso hasta que en un momento, mientras nos encontramos en la orilla derecha del río, el camino inicia una subida y se separa del cauce. Llegaremos a una cabaña y debemos pasar justo por delante de ella hasta encontrar un ancho camino que se desdobla. Nosotros seguiremos por el mas bajo, dejando el otro que se ve más amplio y bien armado.
Volveremos al cauce del río ya en el tramo final de la ruta desde donde podemos ver un trozo de la carretera. Hacemos un fuerte descenso en dirección a la carretera, por una zona de tierra suelta y piedra, hasta llegar a un punto donde unos escalones de piedra nos facilitan la finalización de la ruta, llegando a la carretera, justo al pie del Puente Les Cuerres (330 m) y al lado de un indicador que marca el comienzo, fin para nosotros, de la “Ruta Turística Riu Les Cuerries”. Indicación engañosa, pues no está la zona preparada para que cualquiera acceda a ella.
Las mejores sensaciones de esta dura ruta las disfruté al día siguiente cuando, ya más descansado, pude contemplar las fotos realizadas.
JAFPA
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